Vettonia obliga

Vettonia obliga

Sobre el blog

En este blog quiero recoger algunas de mis lecturas, pasajes de mi vida académica y de mis viajes, así como ideas sobre la cultura y la sociedad actual.

Cómo ser feliz a martillazos

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Sat, January 26, 2019 16:27:45

“La autoayuda es un concepto en sí mismo imposible. La ayuda real no puede nunca ser autoabastecida. Que nadie es engañe, somos animales sociales y los bienes que queremos disfrutar, de algún modo, han de ser provistos desde el exterior. Auto-ayudarse es como obtener satisfacción afectivo-sexual a través de la masturbación. No es la mente consciente la que debe salvarnos de nosotros mismos, sino la acción que transforma el mundo y que nos permite, a su vez, gozar de él. No es ayudándonos a nosotros mismos como podemos revertir una situación difícil, sino transformando el mundo”.

Así comienza Cómo ser feliz a martillazos. Un manual de antiayuda (Melusina, 2018), del filósofo y antropólogo Iñaki Domínguez, y en esas breves líneas se resumen muy bien la tesis principal del ensayo. El libro pretende ser una especie de “manual de ayuda”, pero combatiendo los tópicos de los demás libros del género. Sobre todo, el pensamiento mágico o creencia en el poder de las ideas para conseguir modificar la realidad o, al menos, hacernos capaces de soportarla.

Lo que más me ha gustado de libro, con cuyas tesis que estoy de acuerdo en su mayor parte, es en el deseo de combatir el pensamiento mágico. Aunque parece lógico, insistir en que modificar nuestra mente no significa cambiar nada en el mundo si no pasamos a la acción, es algo que puede resultar incomodo a muchas personas. Muchas se han instalado en la creencia de que el “crecimiento personal” implica una directa y necesaria mejora en las condiciones de existencia. Iñaki Domíguez, con buen juicio, invierte la ecuación. Cambiar nuestras circunstancias vitales es el camino al crecimiento y el bienestar personal. Y no al contrario.

Su idea es que solamente actuando y generando hábitos que nos permitan transformar el mundo conseguiremos ser felices y podremos ayudarnos a nosotros mismos y a los demás. El planteamiento de Domínguez me ha recordado la tesis que daba forma a uno de los libros de Richard Sennett El artesano (Anagrama, 2009): “hacer es pensar”. Desligar el pensamiento de la acción, el cerebro de la mano, creo que nos aleja de una comprensión de nuestro papel en el mundo.

Además, en este Manual de antiayuda también está presente de un modo fuerte una crítica al individualismo del concepto de autoayuda. Se aboga por una individualidad crítica, pero con plena conciencia de que la acción siempre es colectiva y está mediatizada por lo colectivo. Pensar de otro modo, también pienso, es una ilusión fomentada por la sociedad individualista y consumista en la cual nos ha tocado vivir. Actuar supone vivir en sociedad y la felicidad y el éxito son también, e inevitablemente, hechos sociales.

En definitiva, una lectura amena en la que el autor no tiene problema en desnudarse con relatos de sus propias vivencias con tal de llegar al lector. Una técnica, por otra parte, tomada de los libros de autoayuda para conseguir conectar sentimentalmente con la audiencia. Tampoco en incluir referencias eruditas, junto a otras de la cultura popular. Con todo ello consigue, creo, emular los textos que está criticando y hacerlos implosionar.



  • Comments(0)//vettoniaobliga.antoniomartincabello.com/#post150

Espectros de la movida

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Wed, January 09, 2019 17:42:29

Leí estas navidades con curiosidad e interés el libro de Víctor Lenore Espectros de la movida. Por qué odiar los años 80 (Madrid, Akal, 2018). Es, en cierto sentido, una profundización de algunos temas e ideas que ya aparecían en Indies, hípsters y gafapastas. La tesis principal defendida en este ensayo es que la llamada “Movida madrileña” fue un movimiento apolítico producido por individuos de las clases medias y altas, que anticipó y, al mismo tiempo, favoreció la llegada y la implantación de la globalización neoliberal y la sociedad de consumo en España. El “Régimen del 78”, que es como se llama en la obra lo que antes se denominaba “Transición”, sobre todo el PSOE, utilizó la movida en un intento de dar una pátina de modernidad al país y hacerlo más presentable en el extranjero. Según Lenore también cumplió la función de anestesiar y despolitizar la sociedad española.

La tesis de Víctor Lenore se opone radicalmente a la que mantenía en Cristina Tango en su libro La transición y su doble (2006). La resumía en una entrada anterior de este blog así: “Como hipótesis parte de la existencia de dos “narraciones” opuestas y enfrentadas sobre la transición. De un lado, una oficial que enfatizaría el olvido y el consenso y, de otro, una oficiosa surgida de la cultura que se extiende subterránea y rizomática frente a las imposiciones de la cultura o narración oficial. Para Cristina Tango “la Movida” es un ejemplo claro de esa “narración alternativa”, que no olvida y no se amolda al consenso”. En esa entrada me posicionaba un tanto en contra de la tesis de Cristina Tango, pues como Lenore veía en la movida más como un movimiento apolítico y una llegada del mercado de consumo que como una manifestación de resistencia.

Dicho lo cual, aunque concuerdo con Víctor Lenore en lo anterior y en la mayor parte de la valoración de “la Movida”, el libro me ha hecho esbozar una sonrisa en un par de ocasiones y me suscita algunas dudas el análisis socioeconómico de fondo. En primer lugar, Lenore tiene tirria a Alaska y Mario Vaquerizo. No se lo reprocho, la verdad. Pero estos dos personajes creo que no son tan diferentes de tantos otros que pululan por el mundo de la cultura, en cualquiera de sus ámbitos.

En segundo lugar, cuando leí: “La mayoría crecimos incómodos con el mundo rural” (p. 75), también sonreí. Luego aclara que los jóvenes del mundo rural y los del extrarradio, léase de clase obrera y no media como el autor, no estábamos tan incómodos. Y termina con una loa, apoyada en una cita de Fernández Liria y Alba Rico, al “buen salvaje” no sometido a los dictados de la maligna sociedad de consumo. Todo muy tierno.

Para terminar, en tercer lugar, con lo que quizá estoy menos de acuerdo es con el relato socieconómico de fondo. Según el mismo, los años ochenta fueron un erial para las clases trabajadoras. Un malvado PSOE utilizó la “movida” para anestesiar a la sociedad española y que no se diese cuenta de la introducción del neoliberalismo. Todos los males actuales: precariedad y temporalidad laboral, individualización y pérdida de los vínculos sociales, entre otros, provienen de ese momento.

Pongo un ejemplo de este modo de argumentar: “Los ochenta en España comenzaron con una tasa de desempleo del 9,5 por 100 y terminaron en el 16,9 por 100. Todo ello en un marco de crecimiento constante y con un gobierno autodenominado socialista. En ese paradigma seguimos embarrados, treinta y pico años después” (p. 62). Lo que no cuenta es que la renta per cápita en la España de 1980 era de 6.191 dólares y pasó a 13.767 en 1990, algo más del doble. En 2017, crisis mediante, fue de casi 25.000 euros. Se podría argumentar que esa riqueza acabó en las manos de unos pocos, al aumentar la desigualdad. Veamos que dicen los datos. En 1980 el índice de Gini, uno de los principales indicadores para medir la desigualdad, en España era de 36. En 1990 se había reducido al 33,9. Es decir, en la década ominosa de Lenore, se redujo la desigualdad, lo cual supongo será bueno para las clases populares. En 2017 es de un 34,1, ligeramente superior al de 1990, pero en todo caso inferior al de 1980.

Con todo, aun admitiendo que sigamos “embarrados” en ese paradigma, la exposición del libro quiere hacernos creer que los políticos, sobre todo los del PSOE, fueron los responsables de ese nuevo paradigma liberal. No hace falta saber mucha economía para admitir que algo más tuvo que pasar: la aparición de nuevas tecnologías, crisis energéticas, guerras, los cambios en el sistema productivo o la mayor interconexión de la economía a nivel mundial fueron, entre otros factores, claves en la configuración del actual sistema socioeconómico. El PSOE y el “régimen del 78” son, en caso de serlo, una pequeña parte de la explicación.

El libro, y concluyo una recesión un tanto larga para los estándares de un blog, es interesante y hace pensar. Sin embargo, se mueve mejor en la arena del análisis cultural y patina un tanto en el análisis socioeconómico.





  • Comments(0)//vettoniaobliga.antoniomartincabello.com/#post149

Lugares fuera de sitio

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Thu, November 01, 2018 17:36:28

Hace un tiempo comenté en este blog La España vacía de Sergio del Molino, de un modo elogioso y personal. El libro me interpeló acerca de mis raíces y me hizo reflexionar sobre mi propia vida. Recuerdo que una vez hablando con José Luis Anta, siempre fino en sus análisis, dijo que era el libro que debería haber escrito un sociólogo o un antropólogo y que había terminado escribiendo un periodista. Es verdad, pero poco importan las cuitas disciplinares. La verdad es que Sergio del Molino está tratando de explicarnos España, tal vez de explicársela a sí mismo, como hace tiempo que no se hace.

Su última obra es Lugares fuera de sitio (Barcelona, Espasa, 2018), que persiste en esa tónica y por la que ha recibido el premio Espasa en su edición de 2018. En ella describe nuestro país y reflexiona en torno a la idea de frontera y de nación. Y lo hace fijándose en las singularidades presentes en esa frontera, tanto en las exteriores (Gibraltar, Ceuta, Melilla, Olivenza o, entre algunas otras, Andorra) como en las interiores (el Condado de Treviño o el Rincón de Ademuz). Estos lugares muestran los límites de nuestras construcciones identitarias y su naturaleza “imaginada” (B. Anderson). No son, sin duda, enclaves fantasiosos, pues su situación actual se debe a tradiciones previas y al peso de la historia, pero tampoco estaba escrito su destino en leyes históricas inmutables. La existencia de estos enclaves debe mucho a la casualidad o a fenómenos históricos puntuales. Y esto nos dice mucho sobre la construcción de las naciones.

Lo que más me ha llamado la atención es que Sergio del Molino, como ocurría con el libro anterior, parece estar hablando directamente conmigo. El viaje arranca, pues el texto tiene mucho de libro de viajes, en el restaurante Alcuzcuz de Alhuzema en Madrid. Por casualidad lo conozco, pues allí me llevó mi buen amigo Ismael Cherif-Chergui, cuya familia tiene orígenes rifeños, que nos presentó a su dueño. Y comienza en Gibraltar que visité acompañado de Paco Oda, oriundo de La Línea de la Concepción y primer director del Instituto Cervantes en Gibraltar. Con él también visité Melilla y Nador, por un trabajo académico.

Aún recuerdo la primera vez que vi la valla perimetral de Melilla y la aduana con Marruecos. No deja de ser impresionante para alguien que está acostumbrado al civilizado espacio Schengen. Las filas interminables de porteadores, más bien, porteadoras, el comportamiento de los gendarmes marroquíes… También recuerdo el ambiente neocolonial de Melilla. Llegué a escuchar, una noche que nos llevaron al Puerto Deportivo, que lo bueno de este lugar era que los únicos moros eran los que te servían las copas. Todo dicho. Como curiosidad, y por confirmar las apreciaciones del autor sobre los informes del Real Instituto Elcano sobre Ceuta y Melilla, nos entrevistamos con el funcionario que en aquel momento realizaba trabajos para el INE y nos comentó que en principio y legalmente no se podía saber cual era la población de origen “peninsular” y cual lo era de origen “marroquí”. Preguntar por tales cuestiones no era legal. Sin embargo, ellos tenían hecho el cálculo a partir de los apellidos de los habitantes de Melilla.

La verdad es que todo esto no deja de ser anecdótico, aunque quizá significativo, pero es parte de España. Simpatizo mucho con el objetivo de Sergio del Molino, que creo no es otro que mostrarnos la diversidad de nuestro país (la España vacía también lo es, por muy olvidada y mitificada que la tengamos). Los relatos nacionalistas, se envuelvan en la estelada, la ikurriña o en la rojigualda, no dejan de ser cuentos simplificadores para aunar sentimientos de amor por un ente más o menos imaginario y, al tiempo, indicarnos cuales son los “otros”. Pero las fronteras con los otros son difusas. De hecho, los otros podemos ser nosotros mismos en no pocas ocasiones. Esos terrenos de frontera, sobre todo cuando son contestadas, nos muestran los límites de las identidades sociopolíticas. No podemos vivir sin ellas, eso parece claro, pero tampoco debemos sacralizarlas. La idea de identificarnos con una entidad política de un modo racional, usemos la metáfora del “patriotismo constitucional” o cualesquiera otra, parece el camino más acertado. Pues, como concluye el libro, “el tiempo de los cristianos viejos acabó hace mucho. Quienes creemos que a los nacionalismos disgregadores y etnicistas como el vasco y el catalán se puede oponer una idea de nación abierta y fuerte fundada en el principio liberal de igualdad, debemos esforzarnos por eliminar cualquier forma de marginalidad y cualquier sentimiento de exclusión. Sólo así lograremos convencer de que una España dentro de Europa es la mejor forma de reconciliarnos con una historia ingrata y cruel -como la de todas las naciones- y de enfrentar un futuro libre y democrático”.



  • Comments(0)//vettoniaobliga.antoniomartincabello.com/#post145

Sonríe o muere

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Fri, September 07, 2018 17:01:52

Ha caído estos días entre mis manos Sonríe o muere. La trampa del pensamiento positivo (Madrid, Turner, 2018, 3ª edición) de Barbara Ehrenreich. De ella había leído ya Por cuatro duros: como (no) apañárselas en Estados Unidos, en el que analizaba las penurias de la clase obrera no cualificada estadounidense (véase la entrada anterior). Me pareció un gran reportaje periodístico, que contenía mucha verdad. El libro que ahora reseño es también una gran crónica magníficamente escrita y que da de lleno, creo, en una de las tendencias de nuestro tiempo: el llamado “pensamiento positivo”.

El pensamiento positivo mantiene que las personas somos capaces de modificar nuestro entorno mediante nuestro pensamiento y nuestra voluntad. Si deseamos algo con la suficiente fuerza seremos capaces de conseguirlo. Las circunstancias, sean naturales o sociales, no son un obstáculo que no pueda ser superado por una forma de pensar positiva. Este modo de pensar tan “idealista”, por no llamarlo “ilusorio”, se aplica a diversos campos de la vida cotidiana: la salud, el mercado de trabajo o las relaciones personales. Y ha sido transmitido sobre todo a través de los libros y cursos de autoayuda y de la llamada psicología positiva.

Es un tipo de pensamiento, cuenta Enrenreich, típicamente estadounidense que surge del protestantismo ascético, aunque se está expandiendo con rapidez por todo el mundo. Cuando explico en clase que “cuando deseamos algo, el mundo no conspira para que consigamos realizar nuestro deseo” (parafraseando la famosa cita de Paulo Coelho), que el mundo pasa bastante de nuestros deseos, algún alumno me reprocha haber chafado una idea importante para él o ella. Quizá el pensamiento positivo: tenemos derecho a conseguir lo que queremos; junto al sentimentalismo: nadie debe poner en tela de juicio mis sentimientos, sean dos rasgos destacados de nuestro tiempo.

Otro aspecto destacado son las implicaciones políticas del pensamiento positivo. Aunque según la autora este tipo de pensamiento está extendido entre personas de muy diferente condición ideológica, resulta congruente con el pensamiento más conservador. Por varios motivos. En primer lugar, es fuertemente individualista. Si podemos conseguir lo que queramos simplemente cambiando nuestro modo de pensar, ¿para qué buscar la acción colectiva? En segundo lugar, culpabiliza a los individuos y no a las circunstancias. Si te quedas en paro, culpa tuya; si tu negocio fracasa, más de lo mismo. En tercer lugar, es una ideología que ha sido comprada por las grandes empresas capitalistas pues sirve para, de un lado, aumentar la autoexigencia de las personas y reducir su “conflictividad”; y, de otro lado, establecer un lenguaje políticamente correcto que impide el disenso. Finalmente, fomenta la expulsión de los disconformes. Si no eres positivo, eres una persona “tóxica” a la que se debe apartar (aunque a veces las personas tóxicas tengan razón).

Barbara Enrenreich aboga por superar este tipo de pensamiento que funciona a modo de trampantojo de nuestras miserias o que, directamente, contribuye a aumentarlas. Propone sustituirlo por una visión no pesimista, sino realista y racional. “Lo que llamamos ilustración (…) es el lento entendimiento de que el mundo sigue su curso según unos algoritmos internos de causa y efecto, de probabilidad y azar, que no tienen para nada en cuenta los sentimientos humanos” (p. 236). No puedo estar más de acuerdo. El problema del pensamiento positivo no es que nos haga optimistas y felices, el problema es que nos aleja del pensamiento racional y nos acerca al mundo mágico.



  • Comments(0)//vettoniaobliga.antoniomartincabello.com/#post144

Cómo acabar con la contracultura

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Sun, July 29, 2018 12:54:57

Acabo de terminar una de las lecturas que había dejado para este verano: Cómo acabar con la contracultura. Una historia subterránea de España de Jordi Costa (Madrid, Taurus, 2018). Se trata a una obra recién salida de imprenta que analiza los pormenores de la contracultura o cultura underground en nuestro país. Con especial referencia al cómic, aunque también a la música, el cine o la música pop.

Define la contracultura, con acierto, como una subcultura que se opone a los valores dominantes, una subcultura juvenil que se enfrenta a la axiología paterna (p. 32). Su misión consiste en retar y, desde abajo, atacar los límites de la cultura a la que se enfrenta (p. 88). Partiendo de aquí, describe con largas frases y gran profusión de nombres propios e hitos culturales los vaivenes de la contracultura en nuestro país desde finales de la Dictadura franquista hasta nuestros días.

La tesis fundamental de libro es que la contracultura se enfrentó en un primer momento al consenso “nacionalcatólico” o “fascista”, brilló durante un breve tiempo, y terminó siendo integrada en un nuevo consenso “socialdemócrata”. Dejemos hablar al autor:

“El momento en que se manifestó la posibilidad de una utopía contracultural en nuestro país también fue, de forma clara, un tiempo de los monstruos. Y quizá el monstruo ahí fue la Contracultura, el ideario capaz de abolir el viejo orden y de proponer una tabula rasa para trazar nuevas identidades, nuevos relatos y modos de relación, nuevas formas colectivas (y participativas) de construir un futuro… Y lo que acabó ocurriendo fue que el viejo mundo y el nuevo establecieron una línea de continuidad sostenida sobre la perpetuación de privilegios de clase y la configuración de un discurso de reconciliación (impuesta) para que se neutralizasen las potencialidades más transformadoras del tiempo de los monstruos. El viejo orden y el nuevo puentearon al monstruo, la Contracultura.” (p. 299).

Esto, siendo cierto, me sugiere dos reflexiones. En primer lugar, ¿podría haber sido de otra forma? Es decir, la contracultura históricamente ha terminado integrada en la cultura general. Como afirmaba Stuart Hall, su misión es la de prefigurar desarrollos culturales futuros, ya que es mantenida en lo fundamental por los hijos de las clases medias. Estos terminan cambiando determinados aspectos de la cultura de los padres a partir de sus experiencias contraculturales. Por más que la cultura mainstream tenga continuidad.

Y, en segundo lugar, la idea de una continuidad entre la cultura “nacionalcatólica” y la “socialdemócrata”, cada una con sus límites, no deja de ser un recurso dialéctico que esconde más que aclara. ¿Es lo mismo la censura franquista que la “censura” en la actual democracia? Quizá se soslayen las diferencias. De hecho, hace falta un cierto grado de imaginación para pasarlas por alto.

El libro, sin embargo, se lee con agrado y resulta interesante. Un apunte postrero. El discurso en buena medida está construido en torno a elementos visuales: películas, cómics o videos en YouTube. Quizá la inclusión de imágenes de esas películas o cómics hubiese sido apropiada, sobre todo teniendo en cuenta que muchos de los lectores seguramente no hayan leído esos comix underground o visto esas películas.



  • Comments(0)//vettoniaobliga.antoniomartincabello.com/#post141

Desigualdad mundial

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Sat, June 09, 2018 19:15:16

La verdad es que Branko Milanovic es uno de los economistas más interesantes que uno puede leer en la actualidad. En su último libro Desigualdad mundial (México, FCE, 2017) sigue trabajando en el análisis de la desigualdad de ingresos. Como el título nos indica, se pregunta sobre las consecuencias de la globalización en la desigualdad mundial de ingresos. Para ello utiliza los datos disponibles obtenidos de las encuestas sobre hogares, mucho más fiables en su opinión que los datos disponibles procedentes de las autoridades fiscales. El periodo comprendido es desde el año 1988 hasta la actualidad, en lo que llama “alta globalización” o lo que yo llamaría simplemente globalización.

El libro comienza con su famosa gráfica del elefante, en la cual se refleja el incremento relativo del ingreso per cápita en el periodo comprendido entre 1988 y 2008. Con dicha gráfica se muestra que los ganadores de la globalización han sido, por un lado, las clases medias de los países emergentes (no obstante, relativamente pobres en términos absolutos comparadas con la de los países ricos); y, por otro lado, las clases más pudientes, el famoso 1%, de los países más ricos. Los perdedores, en el otro extremo, serían las clases trabajadoras y medias de los países más ricos. Estas siguen siendo mucho más ricas que las clases medias de los países pobres; sin embargo, sus ingresos se encuentran estancados, mientras que las últimas ven aumentar los suyos. En términos psicológicos es algo clave, porque las personas suelen valorarse en relación a su entorno vivencial inmediato, no frente a las personas muy alejadas geográfica o culturalmente (por eso, por ejemplo, no empatizamos tanto con los atentados terroristas ocurridos en oriente medio y si lo hacemos con los que ocurren en nuestro país o en países vecinos). En todo caso, las clases trabajadoras y medias se saben y se sienten perdedoras en el reparto de la economía globalizada.

En el segundo capítulo analiza la desigualdad en el interior de las naciones, utilizando la idea de los “ciclos de Kuznets”, y el tercero las desigualdades entre naciones. Dejo que el lector valore la bondad de los análisis de Milanovic, que no obstante se encuentran fundamentados en los datos disponibles y se presentan y defienden de una forma elegante y convincente. En todo caso, en estos capítulos retoman muchas de las preocupaciones que el autor había incluido en libros anteriores.

Donde quizá se encuentre lo más interesante es en los dos últimos capítulos, en los cuales trata de describir cómo evolucionará la desigualdad de ingresos a nivel mundial utilizando las teorías expuestas en los dos capítulos anteriores. Es la parte más especulativa del libro, lo que reconoce el propio autor, pero quizá por eso es la más interesante. Discute también las consecuencias de la desigualdad global para el capitalismo y la democracia.

Una nota final. Milanovic me recuerda mucho a Polanyi en el uso de la economía para explicar sucesos históricos. Lo hace con solvencia. Sin embargo, no cita a Polanyi. No sé el motivo, pero creo que ambos autores se retroalimentan. De hecho, su visión de la integración económica mundial como un proceso con ganadores y perdedores, por una parte, y la descripción de las externalidades negativas de ese proceso, por otra, es similar. Además, el concepto de “incrustación” de la economía en el resto de las esferas de la vida social también está presente, aunque sin nombrarlo. En resumen, un libro estupendo.




  • Comments(0)//vettoniaobliga.antoniomartincabello.com/#post140

Extraños en su propia tierra

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Sat, June 02, 2018 16:34:12
Hace un tiempo escribí en este mismo blog una entrada sobre el triunfo de Donald Trump y el malestar de las clases medias en Estados Unidos. Mi argumento principal, siguiendo las tesis de Branko Milanovic, era que el triunfo del actual presidente respondía al impacto de la globalización económica sobre amplias capas de la población trabajadora estadounidense. Compré hace uno días Extraños en su propia tierra (Capitán Swing, 2018) de la socióloga Arlie R. Hochschild. En el mismo se parte de la misma idea, pero se intenta ir más allá, pues no solo vale entender los fenómenos estructurales, sino que es necesario comprender cómo son vividos por los actores implicados.

En un texto que los más ortodoxos sociólogos tacharán de periodístico por su metodología –pero que, sin embargo, creo que es profunda y radicalmente sociológico–, busca lo que denomina la “historia profunda” de los seguidores del Tea Party (la extrema derecha estadounidense) y votantes de Donald Trump. La historia profunda tiene que ver más que con los argumentos racionales, con la estructura de sentimientos que enmarca las valoraciones políticas y vitales de los individuos. En palabras de Hochschild: “La historia profunda es una historia de lo que uno siente, el relato que cuentan los sentimientos utilizando un lenguaje de símbolos y eliminando lo racional: elimina los hechos y nos habla de la apariencia de las cosas” (p. 203).


Encuentra la socióloga que los seguidores del Tea Party, pese a sus diferencias personales, suelen compartir una historia profunda común. A saber, todos creen en el American Dream, esto es, que con esfuerzo, constancia y sacrificio conseguirán tener éxito y alcanzar sus sueños materiales. Sin embargo, saben que muchos son los llamados, pero pocos los elegidos. Esto lo saben, pero creen que en la cola para lograr este sueño se les está colando mucha gente. El gobierno, de un modo injusto, les quita impuestos y se los da a los no elegidos. Además, los cuela, ya que las políticas de discriminación positiva hacen que colectivos como los negros, las mujeres o los inmigrantes pasen por delante de ellos. Este relato puede ser incierto, como muestran las estadísticas que recopila Hochschild en el apéndice; pero ya sabemos que, según el teorema de Thomas, cuando tomamos algo por real, aunque no lo sea, esto tiene efectos en nuestra conducta como si lo fuese.

El perfil del votante de Trump es el de un varón blanco, con estudios medios, de edad avanzada, de clase media o trabajadora y residente en el sur del país. Suelen ser religiosos y comunitaristas. Es el retrato del perdedor del actual proceso de globalización. Es una persona que, como dice el título del libro, se siente “extraño en su propia tierra”. Y Trump, aunque sea en el terreno simbólico, les devuelve el honor y el orgullo perdido. Además, con esta problemática, sería lógico que este tipo de perfiles se volcara en políticas de carácter socialista. Sin embargo, existen rasgos históricos y culturales específicos de Estados Unidos que los hacen volverse más hacia una ideología libertaria que hacia una socialista.

Me gustaría añadir, para concluir, que es un gran libro, que nos afecta más de lo que pensamos. Si uno pasa unas horas viendo algunas tertulias en 13TV, siguiendo algunos “despertares liberales” o leyendo algunas entradas de Forocoches, encontrará un más que notable aire de familia entre las propuestas de los contertulios, expertos e internautas con las que la derecha estadounidense. Dejo al lector especular sobre el origen de esas coincidencias.




  • Comments(0)//vettoniaobliga.antoniomartincabello.com/#post137

Sociología del moderneo

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Fri, April 27, 2018 22:23:15

Las variaciones de las subculturas juveniles urbanas son enormes. Tanto las clases populares como las clases medias, y las siempre más reducidas clases altas, han generado jóvenes que adoptan estilos subculturales específicos. En los últimos tiempos se han escrito una serie de obras que prestan atención a la subcultura predominante entre los jóvenes (y ya no tan jóvenes gracias a la extensión de la juventud) de las clases medias. Hace un tiempo ya reseñe en este mismo blog el libro del periodista David Brooks, BoBos en el Paraíso (2000), en el que se mostraban algunas de las características de esta nueva subcultura. Posteriormente, el también periodista Víctor Lenore publicó Indies, Hipsters y gafapastas (Madrid, Capitán Swing, 2014). Este parece una continuación en clave castiza del libro de Brooks. Mostraba las ansias de distinción de las subculturas juveniles hipster o indie en España. Remarcaba su deseo de integración con el mundo cultural anglosajón, su consumismo e integración en el capitalismo (“la cultura de los modernos es el brazo artístico del mundo corporativo”, p. 120) y un apenas oculto conservadurismo político.

Iñaki Dominguez continúa esta tradición con su Sociología del moderneo (Melusina, 2017). Lo acabo de terminar y me ha producido una impresión muy grata. Domínguez es filósofo y antropólogo y plantea una sociología del fenómeno del moderneo (en el que se incluirían los BoBos, indies o hípsters de diverso pelaje). El texto es más reflexivo que el de Brooks o Lenore, con múltiples referencias a textos sociológicos, si bien se lee con soltura. No deja de ser un ensayo y el autor consigue mantener la atención del lector con diversas anécdotas personales o extraídas de los medios de comunicación y las redes sociales. Esto se agradece, porque los sociólogos tenemos una marcada tendencia a dejarnos caer por el tobogán del academicismo.

Plantea que el moderneo es un fenómeno que busca ante todo la distinción. Es una estrategia a través de la cual jóvenes de clase media, de modo mayoritario aunque no único, buscan un lugar en la sociedad española. Es, además, un falso elitismo, porque es una corriente conseguida a través del consumo y con vinculaciones con la misma subcultura a nivel internacional. Es una subcultura con un pensamiento dogmático, donde prima el conformismo y la ausencia de pensamiento crítico enmascarados con la idea de tolerancia. El moderneo, cree Domínguez, está “entreverado y determinado en todas sus manifestaciones por los principios del capitalismo” (p. 141). Y eso tanto en la esfera del consumo, fuente de la construcción identitaria, como en la de la producción, con la preferencia por trabajos creativos.

La descripción de la subcultura resulta convincente y, seguramente, se aproxime mucho a la realidad. El trabajo, sin embargo, adolece de algunas carencias precisamente de índole sociológica. Por ejemplo, cuando Iñaki Dominguez se lanza a elaborar un perfil del moderno tipo nos dice que es un “universitario de provincias de clase media que estudia en Madrid o Barcelona” (p. 45). Puede ser, o tal vez no. Aquí encontramos el problema de la cuantificación. ¿Cuántos son los modernos? ¿Qué proporción representan respecto al conjunto de jóvenes en esas grandes ciudades? Este problema, no obstante, es común a este tipo de descripciones. Cuando Dick Hebdige, en su famosa obra Subcultura. El signficado del estilo (1979), describía a las “espectaculares” subcuturas juveniles británicas, en especial la de los punkies, tampoco nos decía cuántos eran ni su proporción respecto al conjunto de jóvenes en el Reino Unido.

En realidad, la cuantificación resulta difícil por varios motivos. En primer lugar, la pertenencia a una subcultura no es en ningún caso algo absoluto. La implicación puede ser temporal o de por vida, a tiempo completo o tiempo parcial, completa o adaptada a los gustos del joven. Y, en segundo lugar, no abundan las encuestas ni los estudios etnográficos sobre subculturas juveniles (estos últimos, sin embargo, son algo más frecuentes, pero sin tirar cohetes). Y en España menos. Lo que son más frecuentes son los artículos periodísticos que, en su mayor parte, se quedan en el titular.

En todo caso, la adscripción de los modernos a la clase media parece clara, su vinculación con barrios específicos de Madrid y Barcelona también. Sin embargo, que vengan en su mayor parte de provincias no me parece tan claro. Al menos pienso que debería profundizarse en ello.

Lo interesante de este tipo de subculturas, creo, es su cultura matriz. Proceden de las clases medias. Afirmaba Stuart Hall al hablar de los hippies, que la importancia de las subculturas de clase media radica en que anticipan tendencias generales de la sociedad. Muestran desarrollos que la sociedad en su conjunto terminará por hacer suyos. Esto parece claro, y los “modernos” nos muestran tendencias que el conjunto de la sociedad aceptará (si no lo ha hecho ya), como el consumismo, el conservadurismo acrítico, la valoración de la juventud y la estética, la preferencia por trabajos “creativos” en detrimento de profesiones más “industriales” o, entre otras, el deseo de distinción a través del “parecer”, léase consumo, frente al “ser”.



  • Comments(0)//vettoniaobliga.antoniomartincabello.com/#post135

Sociología de las tendencias

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Mon, April 16, 2018 13:03:47

Sociología de las tendencias (Barcelona, Gustavo Gili, 2013) es un libro breve y en apariencia sencillo, pero muy ilustrativo. Está escrito en un tono divulgativo que no oculta el profundo conocimiento sobre el mundo de las modas y las tendencias mostrado por el profesor Erner Guillaume. Tras definir el objeto de la sociología de las tendencias en “los objetos y las prácticas que dependen de los gustos colectivos repentinos y convergentes” (p. 23), es decir, en los objetos y prácticas que dependen de mecanismos no funcionales; trata de mostrarnos las carencias de las perspectivas más habituales en el análisis de las mismas.

En primer lugar, rechaza las visiones esencialistas que derivan la explicación de las tendencias del mensaje, esto es, de la misma tendencia. En líneas generales plantea los límites de una lectura semiológica de las tendencias. Y, en segundo, de las visiones que se centran en el mensajero. Dicho de otro modo, en la difusión de las tendencias de unos agentes a otros. En su lugar, contempla la moda y las tendencias como el resultado natural de la sociedad moderna y democrática. Así, “el individualismo democrático ha generado las tendencias” (p. 93) y estas son un proceso sin sujeto concreto. Las tendencias son fruto de las consecuencias no intencionales de las decisiones individuales de miles de individuos.

Esto, sin embargo, como muestra en la conclusión es contrario a la opinión más generalizada: “El sentido común rechaza aceptar la idea según la cual los gustos colectivos no tienen una lógica propia. Por este motivo, en cuanto se trata de explicar la génesis la difusión de las tendencias, florecen las teorías del complot. (…) La creencia en un politburó de las tendencias revela la incapacidad de imaginar un poder cuya influencia llega a todas partes, sin disponer de una sede” (p. 123). Esto último me parece especialmente relevante. Por mi experiencia impartiendo clases en un entorno universitario, una de las cosas más difíciles es transmitir la noción de procesos no intencionales y remarcar su gran importancia en la vida social. La creencia en conspiraciones, elites y clases dominantes lo puede todo. Resulta difícil aceptar que estas elites y clases dominantes tienen un poder relativo y que, en muchas ocasiones, los procesos sociales son ciegos y carentes de sentido. Creo que la búsqueda de explicaciones causales y, las más de las veces, de culpables, nos ciega para aceptar una realidad: la ausencia de sentido en muchas de las cosas que ocurren, aunque tengan su origen en acciones racionales y conscientes de los actores sociales.




  • Comments(0)//vettoniaobliga.antoniomartincabello.com/#post133

El muro invisible

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Sat, December 16, 2017 16:46:12

El grupo Politikon presenta en El muro invisible (Barcelona, Debate, 2017) su visión sobre las dificultades que atraviesan los jóvenes en España. En especial las dificultades emanadas de la crisis económica. El libro está dividido en tres grandes partes: las dificultades de ser joven en España, las causas y, por último, las consecuencias políticas de la situación de la juventud. En la primera parte se revisan las dificultades. Entre ellas pueden citarse: los altos niveles de desempleo y la mayor incidencia de la pobreza entre los jóvenes –los jóvenes son los grandes perdedores de la crisis de 2008–, el retraso en la edad al matrimonio, la baja natalidad y el lento proceso de emancipación, junto con la emigración de los más capacitados al extranjero huyendo de esas situaciones.

Las causas de esos problemas las encuentran en tres grandes áreas. En primer lugar, el mercado de trabajo. La dualidad histórica del mercado de trabajo hace que las crisis se ceben especialmente en los jóvenes, que sufren mayores niveles de temporalidad. Esto produce que sus ingresos sean menores y que tengan un nivel de protección más bajo ante las adversidades. En consecuencia, son un colectivo más vulnerable. En segundo lugar, en un sistema educativo que contribuye a esa dualidad, ya que genera un alto porcentaje de jóvenes con estudios universitarios, de un lado, y, de otro lado, un alto porcentaje de jóvenes que o bien no acaban la educación básica o no continúan estudiando (debido al abandono y a los altos niveles de repetición). Ente ambos, la educación secundaria y profesional se encuentra relativamente abandona. Y, en tercer lugar, mantienen que nuestro Estado de Bienestar se encuentra volcado hacia los mayores, protegiendo relativamente poco a los más jóvenes. “Nuestro Estado del Bienestar es una herencia del pasado. (…) Tiende a proteger a los mayores –que fueron en verdad un colectivo vulnerable en el pasado– en buena medida a costa de los jóvenes” (p. 146). Es un modelo de Estado de Bienestar, además, que descansa en un modelo de familia en declive y en un papel subordinado para la mujer.

Estas tres causas hacen que la juventud se encuentre en una situación de desventaja frente a generaciones anteriores a la hora de realizar sus proyectos vitales. Este análisis me parece adecuado y en líneas generales puede darse por válido. Podría resumirse en la manida frase: “los jóvenes actuales vivirán peor que sus padres”. Las soluciones que plantean, sin embargo, son más problemáticas. Apuestan por reducir la dualidad laboral, con soluciones sobre todo en el plano legislativo (modificar la estructura productiva del país se antoja más difícil); y por eliminar o reducir la repetición y favorecer que los jóvenes con dificultades continúen estudiando para aliviar la dualidad educativa. Y respecto al Estado de Bienestar creen que se debe “progresar hacia un modelo que haga compatible el papel económico de las mujeres, la emancipación de los jóvenes y una demografía saludable” (p. 163).

Estas soluciones pueden parecer naturales, pero lo más interesante es que son una opción “política” no explicitada (lo cual no resulta extraño teniendo en cuenta que el grupo que firma la obra se llama Politikon). Y digo no explicitada, porque no exploran, ni siquiera para rechazarlas, opciones fuera de su marco de referencia político. Pongo un par de ejemplos. El primero en relación a la demografía. En todo el libro se asumo que debe existir una “demografía sana” para mantener el equilibrio intergeneracional y que funcione el sistema de bienestar, en especial la esfera de las pensiones. Sin embargo, no se exploran otros caminos de tipo no “natalista” para conseguir ese equilibrio. Si los españoles, como parece, no tienen hijos, pues podrían admitirse mayores contingentes de inmigrantes. Al final, el equilibrio poblacional se conseguiría vía inmigración y no vía natalidad. (Esta solución, claro está, tiene sus propios problemas. Sin embargo, en el libro no se maneja esta opción).

El segundo hace referencia al presupuesto del equilibrio poblacional a la hora de mantener las pensiones y la sanidad. Este presupuesto solo es necesario (vía natalidad o inmigración, como hemos comentado) en el caso de que se apueste por un sistema de reparto. Sin embargo, podría apostarse por un sistema contributivo. Tampoco se explora esta opción, ni para rechazarla. Además, incluso aceptando el sistema de reparto, tampoco está claro que un equilibro poblacional, como ellos llaman, una “demografía saludable”, asegure la viabilidad de dicho sistema. En la actualidad, los bajos salarios hacen que, pese a altos niveles de afiliación a la Seguridad Social, las cotizaciones sean bajas y no cubran las necesidades del sistema. La recaudación en un sistema así podría depender más de la productividad del trabajo que de su abundancia. Menos trabajadores con altos salarios podrían hacer más sostenible el sistema que muchos con bajos salarios. Además, se podría optar por mantener las pensiones y las prestaciones del Estado de Bienestar vía impuestos directos o indirectos. Es decir, de esto modo el peso de las mismas recaería en la riqueza total de la sociedad y no solo en las cotizaciones de los trabajadores. Valga esto para ejemplificar a que me refiero cuando digo que hay presupuestos políticos no explicitados en toda la obra.

En la última parte del libro, como dije al comienzo, se recogen las implicaciones políticas de esta situación. Se trata de ver cómo los jóvenes pueden articular sus peticiones. “La idea es que los jóvenes pasen a ser ganadores en un sistema en el que hoy son los más perjudicados. (..) Eso significa que hay otros que saldrán perdiendo, al menos en el corto plazo” (p. 169). Creen, en primer lugar, que las reformas tanto del mercado de trabajo como del Estado de Bienestar están bloqueadas por las generaciones del baby boom hacia arriba. Es decir, el actual statu quo está blindado por una línea generacional. El bloqueo educativo, sin embargo, respondería a causas de enfrentamiento político, que aprovecha fracturas normativas de los españoles en torno al bilingüismo, la educación para la ciudadanía o las clases de religión. Resumiendo: “Si tuviésemos que delinear un perfil del español tipo que defiende el statu quo regulatorio actual pensaríamos en un hombre, de nacionalidad española, estudios medios, empleo fijo, vivienda en propiedad y aspiración a la tranquilidad. Ese español tipo estaría en el centro, en el núcleo protegido por el sistema. Los jóvenes, junto a las mujeres, los parados de más de cincuenta años, los pobres y los inmigrantes se encuentran en los márgenes” (p. 184).

Los autores aventuran que los jóvenes españoles se encuentran “insatisfechos” con la democracia, piden más de ella; pero no existe una “desafección”, es decir, un alejamiento del sistema político. Además, los jóvenes tienden a no utilizar las mismas etiquetas políticas que los mayores, ni en el mismo sentido. Sin embargo, en cuanto a su participación política efectiva, debe decirse que el sistema de partidos no presta demasiada atención a este colectivo por dos motivos. Uno, porque los jóvenes, entre 18 y 35 años, son un colectivo no demasiado numeroso. Y dos, porque tienden a participar poco en las elecciones. Los jóvenes tienden a participar menos a través de mecanismos institucionalizados (elecciones o partidos políticos) y más a través de mecanismos alternativos (huelgas, manifestaciones o peticiones). Existen, así mismo, importantes diferencias en la participación política de los jóvenes, pues existen sectores movilizados tanto en lo institucional como a través de vía alternativas (jóvenes universitarios de clase media y media alta) y jóvenes desmovilizados (el resto). Cuando los jóvenes votan, además, lo hacen a partidos diferentes que los mayores. En España, por ejemplo, Podemos y Ciudadanos captaron el voto joven en mucha mayor media que el PSOE o el PP. Creen que la emergencia de estos partidos abre una ventana de oportunidad para incluir una agenda volcada en los problemas de los jóvenes y una redistribución de las ventajas del sistema.

El libro tiene un tono divulgativo, alejado de la prosa académica, que a veces produce asertos demasiado esquemáticos y poco matizados. Sin embargo, los autores intentan fundamentar sus argumentos en datos e investigaciones rigurosas. Es un libro interesante que acierta en la temática y el tono. Aunque no se esté de acuerdo, o del todo de acuerdo, con las soluciones propuestas o con algún aspecto de análisis, resulta pertinente. La verdad es que la crisis económica, causa de muchos de nuestros problemas actuales, está volviendo a traer a la escena pública un tipo de análisis estructural que se había perdido en las ciencias sociales, presas de visiones más “postmaterialistas”. Y esta obra es una contribución bien escrita y planteada desde esta perspectiva. Bienvenida sea.



  • Comments(0)//vettoniaobliga.antoniomartincabello.com/#post130

Populismos

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Sun, December 10, 2017 15:21:22

En Los enemigos íntimos de la democracia, que reseñé en este mismo blog, Tzvetan Todorov establecía que el populismo era uno de los tres principales peligros para la misma. Fernando Vallespín y Máriam M. Bascuñán ahondan en esta tesis en Populismos (Madrid, Alianza, 2017). En el mismo intentan definir el populismo, no sin dificultades, pues es una ideología sin ideología. Esto es, sin un aparato teórico racional construido de un modo sistemático y coherente. Más bien, afirman, el populismo descansa en un intento de construir un bloque político en torno a la divisoria entre una élite y un pueblo definidos de modos diferentes en diversos contextos geográficos y temporales. En nuestro país, por ejemplo, el populismo de izquierdas ha aplicado esta forma de polarizar lo político con expresiones como “ni izquierdas ni derechas, ahora la política va de los de arriba y los de abajo”, las “casta” frente al “pueblo”, el “régimen del 78” o el “bloque monárquico” contra la gente, y un largo etcétera. Así, el “populismo se reduce al final a todo esfuerzo por construir comunidad a partir de diferencias y conflictos presuntamente inconmensurables; es un principio formal carente de contenido propio” (p. 67).

Para conseguir generar esta “comunidad imaginada”, en el sentido que le daba B. Anderson, la estrategia populista apela más a la emoción que a la razón. Se rehúye la teorización, incluso la evidencia empírica, el reino de los tecnócratas. El pueblo capta sus verdaderos intereses subjetivamente. “Por eso el populismo no teme a la sencillez y falta de trabazón teórica de sus discursos” (p. 80). De hecho, como recogen en el tercer capítulo, Internet ha favorecido este tipo de respuesta emocional. La posverdad, los “zasca” y la frase ingeniosa sustituyen a los hechos y los argumentos racionales. Problemas técnicos complicados son condensados en 140 caracteres (ahora el doble) y, al menos en la esfera sentimental, la solución parece posible.

Obviamente no todos los populismos son iguales. En el cuarto capítulo revisan especialmente los populismos de Estados Unidos, Francia y España, y en menor medida de otros países. Sin embargo, todos presentan patrones comunes; porque, y esta es una tesis fundamental del libro, el populismo, al menos en las democracias más asentadas, es una reacción “hacia la impotencia de la política y el autismo y la arrogancia tecnocrática de las élites” (p. 138). Dicho de otro modo, una reacción a las limitaciones y problemas de las democracias liberales. Estas limitaciones se intentan solventar apelando al pueblo, uno de los polos de la democracia liberal. El voto del pueblo se convierte en el único requisito de la democracia. Se olvida el otro extremo: el aparato constitucional que establece un sistema de división de poderes para proteger a las minorías derrotadas en la votación. Porque para el populismo el ganador, el pueblo se defina este como se defina, se queda con todo. Y los perdedores, la “casta”, élite o cualquier otra denominación, lo pierde todo.

La solución sería combinar ambos polos, el liberal (rule of law, división de poderes, protección de las minorías) y el democrático (votaciones, comunidad política). Para ello proponen el ideal republicano, si bien reconocen que aunque teóricamente es una solución atractiva, en la práctica es difícil de implementar (p. 265). El problema radicaría en conseguir amalgamar al pueblo real, es decir, a las heterogéneas sociedades actuales, con el pueblo como “unidad” política. Porque la política precisa de una unidad de acción que integre los intereses fragmentarios de la comunidad sociológica. El populismo sería, creen los autores, una falsa salida a esta aporía de la política. “Sería una contrademocracia en el sentido literal del término, la total puesta en cuestión del orden político formal, pero también de ese conjunto de actuaciones, instituciones y prácticas plurales e indiferenciadas; representa una oposición visceral carente de una auténtica voluntad por integrarse en el cuerpo político conocido si no es bajo los presupuestos de la exclusión y la autoafirmación de un supuesto y amorfo pueblo auténtico bien tutelado por su partido o líder” (p. 271). El resultado de la llegada al poder de los populismos es, sostienen, bien conocido: una actitud depredadora del Estado, clientelismo, no respeto de los derechos de las minorías, antiparlamentarismo y autoritarismo, y por último un ataque a la división de poderes y los principios formales.



  • Comments(0)//vettoniaobliga.antoniomartincabello.com/#post128

Imperiofobia y Leyenda Negra

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Tue, August 22, 2017 00:09:51

El verano es un tiempo estupendo para leer y he aprovechado para intentar disminuir algo la pila de libros que suelo acumular en la mesilla de noche. Entre las cosas que he leído y que más ha llamado mi atención se encuentra Imperiofobia y leyenda negra. Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español (Siruela, 2017) de María Elvira Roca Barea. El texto ha tenido éxito editorial, pues he visto que han sacado ocho ediciones. La autora parece haber dado con el “tema”. Esto es realmente complicado. Libros magníficos duermen el sueño de los justos. Algunos son rescatados y otros cogen polvo en bibliotecas. Años más tarde otro autor puede escribir un libro, tal vez peor, sobre la misma temática y, de repente, tener gran éxito. En ese caso el tema y el momento han coincidido.

La tesis central de libro afirma que todo imperio genera fuerzas centrífugas que luchan contra el mismo. Cuando estas fuerzas tienen el suficiente poder y son capaces de aunar un cuerpo intelectual a su alrededor, suelen crear un relato descalificador sobre el imperio. Es lo que se conoce como leyenda negra. Los imperios, además, debido a su estructura inclusiva no suelen ser capaces de combatir la propaganda en su contra. Siempre esperan integrar a los díscolos y hacer contrapropaganda atentaría contra este objetivo.

De este modo, todos los imperios tienen una leyenda negra propia. La tuvo Roma y la tienen el imperio ruso, estadounidense y el extinto imperio español. Además, según la autora los argumentos contra el imperio son similares en todos los casos. El que estudia con más profusión es el del Imperio español. Para Roca Barea, la leyenda negra es un relato propagandístico creado por las potencias nacionales que surgieron durante los siglos XVI y XVII en lucha con el Imperio español, hegemónico en aquel momento. Así, en los Países Bajos, Alemania, Italia e Inglaterra principalmente se creó un relato con el objetivo de combatir a la potencia imperial en al ámbito de las ideas.

Hasta aquí, afirma, sería normal aceptar la existencia de estos relatos fruto de confrontaciones políticas. Lo que no resulta tan frecuente es la persistencia de la Leyenda Negra (así, sin adjetivo, suele referirse a la Leyenda Negra española). La causa se encuentra, afirma una y otra vez a lo largo del libro, en que los países protestantes del norte de Europa se constituyeron en Estados-nación en su lucha contra el Imperio español. Las iglesias protestantes crearon el mito fundacional de esas naciones y el antiespañolismo es consustancial a los relatos legitimadores del poder.

Lo más curioso ha sido el éxito de la propaganda antiespañola. Los mismos españoles la han hecho suya y hoy día sigue influyendo en sus vidas. Eso es especialmente gravoso cuando “el Imperio español es una unidad histórica ya fallecida (…) No hay continuidad entre aquellos españoles y estos españoles” (p. 474). Es decir, la España actual no tiene nada de imperial y, sin embargo, la imagen deformada del extinto Imperio español creada por sus enemigos continúa jugando en contra de los actuales habitantes de este país.

Recuerdo, sobre este punto, cuando en Sudamérica algunas personas me hablaban del Imperio español y de las cosas que hicimos allí los españoles. Las primeras veces no sabía cómo contestar porque no sabía exactamente que le había hecho yo a esas personas. Me pasó algo parecido en Melilla, cuando el rabino sefardita que nos enseñaba la sinagoga nos llevó a su despacho y sacó una enorme llave. Según dijo, abría la casa que sus antepasados habían abandonado cuando “los españoles los echamos”. Los Reyes Católicos, se entiende, pero enfatizo el “españoles” refiriéndose a nosotros.

Vuelvo al hilo anterior, pues a veces me pierdo en recuerdos más o menos relacionados. Para mí el Imperio era una cosa de libros, ensayos y novelas, no una realidad presente. De hecho, comencé a leer más cosas sobre el Imperio español a partir de esos comentarios. Cuando les explicaba que en España lo del Imperio era algo “olvidado y enterrado” me miraban con cierta desconfianza. Otro gallego intentado escaquearse, pesarían. Pero la verdad es que en España el desconocimiento histórico sobre este tema es enorme entre muy amplias capas de la población.

De todo el libro, lo más llamativo es la insistencia de considerar la Leyenda Negra como una realidad necesaria para la mentalidad protestante. Los protestantes, afirma, son necesariamente antipapistas y antiespañoles. Precisan de un enemigo, mientras que los católicos los consideran gente equivocada a la cual es necesario volver a llevar al redil. No en vano, es una iglesia “universal”, no nacional. En ese sentido, afirma, el catolicismo no ejerce una propaganda tan agresiva ni demoniza al protestante.

El libro tiene muchas virtudes, sobre todo la de intentar devolver un cierto orgullo nacional a la hipercrítica España actual. Si uno se asoma a Twitter o a cualquier otra red social y lee lo escrito por nuestros compatriotas sobre nuestro país seguro que se preguntará por qué los españoles no salen huyendo de tan abyecto agujero –pero bueno, ese es otro tema para otra entrada en el blog–. Sin embargo, en mi opinión el ensayo también contiene algunos excesos. El principal, creo, es la creación de una “Leyenda Blanca” en contraposición a la “Leyenda Negra”. Con esto me refiero a la búsqueda de aspectos positivos en la actuación española como medio de contrarrestar la propaganda negativa. Es verdad que en muchas ocasiones se nos atacó injustamente y se faltó a la verdad, pero eso no justifica lavar demasiado nuestra imagen.

La conquista de América tuvo, sin duda, aspectos positivos como afirma Roca Barea (creación de hospitales, obras públicas, universidades, la creación de un espacio económico amplísimo, etc.). Pero esto no debe hacer olvidar que toda conquista es violenta y que se explotó gravemente a los nativos y a otros pueblos –en todo el ensayo, por ejemplo, no se habla de la práctica de la esclavitud dentro del Imperio español, que existió–. Los conquistadores eran valientes, astutos y también unos perfectos bandidos capaces de matar a quién fuera para conseguir sus objetivos: oro, tierra, siervos, honor… (cuando leí la crónica de Bernal Díaz del Castillo lo que más me sorprendió fueron las continuas trifulcas entre los propios españoles).

Es verdad que la Corona creo leyes para defender a los indios y que surgió un Derecho de Gentes muy avanzado, pero también lo es que esas leyes se cumplían poco. América estaba muy lejos y los españoles en América podían decir sin reparos “se acata, pero no se cumple”. Además, cuando se lee a Roca Barea de la impresión de que la España de Carlos I y de Felipe II era el reino de la libertad de pensamiento. Tal vez, pero también es cierto, como reconoce Geoffrey Parker en su monumental biografía de Felipe II, que este prohibió a los españoles salir a estudiar al extranjero. Suficiente por el momento para mostrar a qué me refiero con “Leyenda Blanca”.

Además, aunque María Elvira Roca Barea afirma que la Leyenda Negra se encuentra presente en personas de todas las ideologías, tiene una cierta tendencia a hablar de “la izquierda” como mantenedora del mito. No sé, me recuerda algunas argumentaciones ya pasadas en las cuales no quiero entrar –por ejemplo, el antiamericanismo en España es producto de la izquierda (pp. 81-82), pero nada se dice del antiliberalismo (la pérfida Albión…) producto del franquismo y la educación nacionalcatólica–. Dicho todo lo anterior, mucho para un post, pues no solemos leer demasiado delante de una pantalla, recomiendo el libro. Al final del mismo, la autora afirma que el lector a esas alturas será su amigo o su enemigo. Enemigo no. Tal vez un amigo crítico. Simpatizo con el objetivo final, aunque en el camino hay diferencias sobre como vemos las cosas.



  • Comments(0)//vettoniaobliga.antoniomartincabello.com/#post127

La sociedad que seremos

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Wed, June 14, 2017 17:50:25

Belén Barreiro, expresidenta del CIS y directora-fundadora de la consultora MyWord, publica La sociedad que queremos. Digitales, analógicos, acomodados y empobrecidos (Barcelona, Planeta, 2017). En el mismo trata de mostrar, con un evidente tono divulgativo, cuáles han sido los principales cambios sociales en la sociedad española como consecuencia de la última crisis económica. Para ello, construye una tipología de españoles resultantes de la crisis en torno a dos ejes: digitalización y posición económica (Figura1).

Figura 1. Fuente: Elaboración propia a partir de la obra de Belén Barreiro.

Los representa con la historia de cuatro personas, a modo de tipo ideal. El primero sería Miguel, un joven acomodado digital votante de Ciudadanos. El segundo es Sabino, un votante del PP acomodado, de más edad y analógico. La tercera sería Alicia, una joven digital empobrecida por la crisis y votante del Podemos. Por último, Josefa sería una empobrecida analógica que vota al PSOE.

En el eje económico convivirían dos Españas: “Los empobrecidos han dado marcha atrás en el tiempo, retrocediendo a la España previa al consumismo, aquella que luchaba por sobrevivir y en la que cabía aún la protesta. Los acomodados, a la vanguardia, viven en un país con ansias de innovación, digitalizado y cosmopolita” (p. 93). En el eje digital también convivirían dos Españas divergentes. Una analógica, con un perfil femenino, de clase baja, con menores ingreso y menor nivel educativo. Otra digital, con un perfil masculino, de clase media y alta, con mayores ingresos y mayor nivel educativo (pp. 195-205). Los analógicos votarían a los partidos tradicionales y los digitales a las nuevas formaciones.

A estos dos ejes habría que sumar la “brecha generacional”, ya que los jóvenes (sobre todo los llamados millennials) son más propensos a votar a partidos nuevos frente a los tradicionales del “bipartidismo” y tienen mucha mayor desconfianza en las instituciones tradicionales. Los jóvenes, además, están mayoritariamente del lado empobrecido (p. 121).

Para desarrollar esta tipología utiliza datos cuantitativos provenientes de fuentes oficiales, en especial del CIS, y los estudios cualitativos de su propia empresa MyWord. Es algo que se agradece, ya que todo el libro aparece fundamentado en datos, ante tanto ensayo aparecido en los últimos tiempos sobre los “males de España” sin la más mínima base empírica.

Esta tipología, nos dice la autora, no refleja toda la diversidad de la sociedad española, pero cree que es una buena herramienta para analizar los cambios provocados por la crisis. Puede ser, pero en mi opinión, los ejes arriba y abajo (acomodados vs. empobrecidos) y analógicos y digitales si bien son necesarios, no son suficientes para describir nuestra sociedad. Es verdad que incluir más dimensiones hubiese complicado el análisis y la exposición, restando claridad al ensayo, pero sería una aproximación más fidedigna. Desde mi punto de vista hay tres ejes más que deberían ser incluidos:

1. Ideológico. La división Izquierda-derecha, muchas veces declarada muerta por los más variados analistas, se resiste a desaparecer. Las discusiones sobre la memoria histórica (el Valle de los Caídos, los desaparecidos de la Guerra Civil o el callejero) que tanto debate generan en la sociedad española no pueden entenderse sin el eje ideológico. El eje arriba/abajo, popularizado por Podemos, puede sumarse, pero no sustituye al eje ideológico.

2. Religioso-moral. Realidades como el matrimonio homosexual, la llamada familia tradicional, la gestación subrogada, la eutanasia o la enseñanza segregada siguen estando presentes con mucha fuerza en el debate público. Y no pienso que puedan reducirse al eje económico o comunicativo-digital. Estos hechos dividen a los españoles en función de presupuestos religiosos y morales no encuadrables en la tipología propuesta.

3. Identitario. Otro rasgo destacado es la polarización entre los nacionalismos identitarios periféricos y el nacionalismo identitario español. Y no es algo que pueda referirse al arriba y abajo o a digitales y analógicos. Sería otra dimensión independiente a contemplar en el puzle social de nuestro país.

Este panorama le hace hablar de cuatro Españas, quizá en contraposición con las famosas dos Españas (una de las cuales, es sabido, habría de helarnos el corazón). Un panorama que coincide con el actual sistema partidista:

“La España cuádruple, por tanto, ayuda a comprender la formación de un nuevo sistema partidista en nuestro país: la revolución digital es propulsora de fuerzas políticas emergentes que, a su vez, reflejan la fractura social que ha generado la crisis. Aun así, en todos los partidos coexisten, en mayor o menor medida, las cuatro Españas. Otros factores, como la ideología o el posicionamiento en la cuestión territorial, siguen siendo claves para entender los comportamientos políticos” (p. 217, cursiva añadida).

Son clave, pero el modelo no los contempla. Es como si la economía y la tecnología (estructura) fueran básicas frente a cuestiones como la moral, la religión, la ideología o la identidad (superestructura). En todo caso, no tengo claro si los partidos políticos son reflejo de estas cuatro Españas o las cuatro Españas son una construcción a partir del sistema político actual.

Por último, un comentario sobre un aspecto metodológico: un modelo como el propuesto requiere variables dicotómicas. Así, empobrecidos son los que tienen unos ingresos netos de 1500 o menos euros al mes. Y acomodados los que superan esa cantidad. Quizá utilizar más tramos de renta aclararía las cosas. E incluso aceptado esta dicotomía, ¿son lo mismo 1499 euros en Zafra o Don Benito que 1501 en Madrid o Barcelona? ¿Quién es el empobrecido y quién el acomodado?

Dicho todo lo anterior, me parece una obra interesante que intenta fundamentar sus conclusiones en datos. Ahora bien, pese a que muchas de sus conclusiones son, desde mi punto de vista, convincentes y acertadas, creo que un análisis con más ejes hubiese reflejado más la diversidad y complejidad de la sociedad española y hubiese enriquecido el libro (a cambio, soy consciente, de restarle claridad expositiva). Por ejemplo, incluir el eje identitario hubiese explicado muchas cosas en regiones como Cataluña, Galicia o el País Vasco. Porque, en definitiva, si algo caracteriza a la sociedad española actual es la complejidad y la diversidad.



  • Comments(0)//vettoniaobliga.antoniomartincabello.com/#post126

IBEX 35

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Wed, May 17, 2017 11:16:00

El tema de las élites siempre ha interesado a la sociología. El sociólogo Rubén Juste presenta ahora el libro IBEX35. Una historia herética del poder en España (Capitán Swing, Madrid, 2017), en el cual analiza sobre todo los vínculos entre el poder político y los propietarios y gestores de las mayores empresas del país que cotizan en bolsa. Y el libro es lo que promete el título, al menos en parte, pues realiza una narración pormenorizada de los vínculos entre el poder político y las grandes empresas, llena de nombres propios. A veces, he de confesar, tanto nombre marea un tanto.

En lo que no estoy tan de acuerdo es en lo de herético, pues parece que nos esté descubriendo algo nuevo. Las relaciones entre el poder político y económico han sido estudiadas antes y no parece que haya nada fuera de lo normal en hacerlo. Las “puertas giratorias” y las “tramas” y “castas” varias no son nuevas. Lo que es verdad, sin embargo, es que tal vez, presos de nuestra riqueza, pudimos dedicar nuestro tiempo a una agenda postmoderna y olvidamos la economía política. En todo caso, hay obras que con otras perspectivas han tratado estos temas.

Recuerdo ahora, por ejemplo, un libro de Ramón Tijeras Las sagas del poder (Plaza y Janés, Barcelona, 1998). Lo leí hace muchos años. Hoy, curiosamente, su autor es compañero en el Departamento donde trabajo. En todo caso, lo recuerdo mucho más legible. Se nota que Tijeras es periodista y Juste sociólogo. Por lo que sea, no podemos evitar la prosa densa.

En todo caso, el libro de Juste resulta interesante como narración. Me hubiese gustado más análisis. Se centra durante toda la obra en el narrare factum y hay poco análisis. Al final, en el epílogo, se anima a ello, pero sin demasiada profundidad. Quedan, a mi modo de ver, preguntas sin contestar. ¿Son las puertas giratorias propias de nuestro país? ¿Ocurren en otros lares? ¿Es el modo habitual en el cual funciona el capitalismo o es una nuestra de un “capitalismo castizo”? ¿Las élites funcionan de un modo distinto al resto de la gente? Es decir, ¿las redes clientelares van más allá de la cúspide y son propias del tejido social de nuestro país? En fin, las preguntas más interesantes parecen quedarse en el tintero.

Con esto no pretendo negar el valor de la obra de Rubén Juste. Lo tiene, y mucho. Siempre es necesario fotografiar la realidad. Pero como sociólogo me gusta ir más allá de la instantánea y ver las relaciones de lo visible con lo subterráneo. Aventuro que habrá una segunda obra donde tratará estos temas. Esperaré y la leeré con interés.



  • Comments(0)//vettoniaobliga.antoniomartincabello.com/#post124

Los enemigos del comercio (III)

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Sun, April 16, 2017 21:16:52

Hace un par de años realicé una reseña crítica, en este mismo blog, de los dos primeros volúmenes de la “investigación sin precedentes en la bibliografía mundial” (eso al menos dice la publicidad en la cubierta del volumen actual) que Antonio Escohotado viene realizando sobre las ideologías críticas con el comercio y el libre mercado. Al finalizar la misma decía: “Esperaré a leer la tercera parte, aunque no espero que el tono varíe mucho”. Hoy, tras hacerlo, confirmo mis temores. La cosa no ha variado demasiado. En este volumen sigue con su “historia moral de la propiedad”, pero ahora desde “Lenin a nuestros días”.

El libro, como pasaba con los anteriores, resulta muy irregular. Tiene partes que parecen más fruto del interés personal del autor que de un plan lógico a la hora de desarrollar las tesis sostenidas en la obra. Por ejemplo, durante algunas páginas discute si la Wehrmacht durante la Segunda Guerra Mundial era realmente nazi o fue sobornada por Hitler para conseguir su apoyo. No veo, la verdad, que tiene que ver esto con la teoría sobre la propiedad y la economía del régimen nacionalsocialista.

También dedica unas páginas al “Oro de Moscú”, otro tema también bastante anecdótico para una “historia moral de la propiedad”, y, en una nota a pie de página, nos dice comentando sobre el terror chekista durante la Guerra Civil española: “Un intento reciente de revivir aquellos horrores ofrece la llamada Ley de Memora Histórica aprobada en 2007” (p. 232). Sin entrar en su valoración sobre la parcialidad o no de dicha ley, y el olvido del “terror rojo”, lo que sí parece claro es que es un tema alejado del foco del trabajo. El autor trata de contar tantas cosas y tan dispersas que a veces no sabemos bien donde andamos. Al menos eso me ocurre a mí, lo cual podría achacarse quizás a algún problema de comprensión lectora por mi parte.

Pero sigamos. Escohotado no resiste tampoco la tentación de incluir detalles personales de los principales líderes de la Revolución Rusa. Sonroja un poco cuando incluye, también en una nota a pie de página, un párrafo de una carta de índole sexual que Trotsky envió a su esposa. Además, por “pudor” la deja en inglés, algo inédito en este libro. Supongo que pensará que el lector medio del libro será incapaz de leerlo en esta lengua. En todo caso, no es la única ocasión. Se abunda durante muchas páginas en la vida personal de los revolucionarios: si amaban o no a sus mujeres, si tenían una o varias amantes, si abandonaron a sus hijos o, algo que parece inquietar al autor, en cómo se comportaron ante sus verdugos. Todo lo cual no deja de ser entretenido, pero me pregunto cuál será la relación de las prácticas sexuales de Trotsky con su concepción de la propiedad privada o del comercio. Siempre he creído que las teorías sociales deben ponerse en su contexto histórico y social, incluso que las biografías influyen en las mismas. Pero el modo de hacerlo aquí no sé si es el más adecuado para obtener algún tipo de conclusión significativa.

En lo demás, el libro depara pocas sorpresas si se leyeron los anteriores. Las tesis de la Escuela Austriaca aparecen por doquier sin apenas valoración crítica, se siguen citando y comentado las entradas de Wikipedia y, cosa extraña para un profesor de sociología durante tantos años en la Universidad Complutense de Madrid, continúan sin aparecer los clásicos de la sociología histórica: Elias, Tilly, Eisenstadt o, entre otros, Wallerstein. También sigue mostrando un etnocentrismo sin complejos: “En culturas carentes de término para «libertad», hechas a castigar como sedición o apostasía la diferencia de pareceres” (p. 510). ¿De verdad hay culturas que no sepan lo que es la libertad? ¿Qué no tengan un término o conjunto de términos para ella? Tal vez, pero habría que demostrarlo. Escohotado lo da por supuesto sin siquiera aportar alguna referencia de trabajos antropológicos en ese sentido.

La teleología de fondo es la misma, desde los Rollos del Mar Muerto hasta la actualidad, pasando por su época de mayor esplendor: el socialismo real de la URSS, existe una corriente igualitarista ininterrumpida de odio hacia el comercio y la propiedad privada. Frente a ella, el comercio, la competencia, la creación de riqueza por parte de unidades económicas diseminadas en toda la sociedad es el único camino para construir una sociedad decente, justa y pacífica.

Durante toda la obra se exponen los argumentos de los “enemigos del comercio” utilizando fuentes originales pero seleccionadas y rebatidas utilizando un número muy reducido de fuentes críticas. Se parte de una idea preconcebida y se van colgando textos para justificarla. No hay una verdadera contraposición de argumentos a favor y en contra de cada una de las tesis. Por ejemplo, en el capítulo 23 se despacha a Ernesto “Che” Guevara en pocas páginas presentándolo de un modo muy negativo. Quizá lo merezca, no soy un experto ni mucho menos en su figura, pero el tratamiento es muy deficiente. Un liberal convencido como Mario Vargas Llosa hace una lectura mucho más ponderada. En su Diccionario del amante de América Latina (Barcelona, Paidós, 2006: pp. 184-191) incluye una larga entrada sobre el mismo dividida en dos partes. La primera, escrita en 1968, es elogiosa, casi hagiográfica. La segunda, escrita más tarde con motivo del aniversario de la muerte del Che, resulta más crítica. Aun así, en la misma dice de él:

“El balance político y moral de lo que Ernesto Guevara representó –y de la mitología que su figura, su gesta y sus ideas generaron– es tremendamente negativo, y no debe sorprenderos la declinación acelerada de su figura. Ahora bien, dicho todo esto, hay en su personalidad y en su silueta histórica, como en la de Trotski, algo que siempre resulta atractivo y respetable, no importa cuán hostil sea el juicio que nos merezca la obra. ¿Se debe ello a que fue derrotado, a que murió en su ley, a la rectilínea coherencia de su conducta política? Sin duda. Porque en todos los campos del quehacer humano es difícil encontrar personas que digan lo que crean y hagan lo que dicen, pero ello es, sobre todo, excepcionalmente raro en la vida política donde la duplicidad y el cinismo son moneda corriente, indispensables instrumentos del éxito y, a veces, de la mera supervivencia de los actores” (p. 189).

Cuando Karl Popper escribió La sociedad abierta y sus enemigos lo hizo como una contribución al “esfuerzo de guerra”. El libro de Antonio Escohotado también parece una contribución a ese esfuerzo. El problema es que ahora no hay guerra. En este último volumen incluso a veces parece darse cuenta del tono excesivo de muchas páginas. Cuando, por ejemplo, en el prólogo dice que “el socialismo siempre fue democrático y cambiante, en contraste con lo invariable y elitista del comunismo”, distinguiendo entre un socialismo democrático y uno mesiánico; o cuando más adelante critica en una nota a Mises por no distinguir entre socialismo y comunismo, se muestra mucho más matizado. Es una lástima, al menos desde mi punto de vista, que el tono general no siga esta tónica.

Y es una lástima porque la crítica al comunismo, tanto en lo teórico como en sus realizaciones, está fundamentada. Hay mucha verdad en considerarlo una religión política, lo cual ayuda a comprender su persistencia pese a sus debilidades teóricas y a las atrocidades prácticas a la cuales dio lugar. Pero cuando se ataca con una teología invertida, esas críticas por justas que sean pueden conseguir el efecto contrario al deseado. El libro se leerá, sobre todo porque está dentro del circuito “Austriaco”, donde será citado y recomendado, pero temo tendrá escaso impacto fuera del mismo. Desde mi punto de vista, Koba el Temible (reseñado también en este blog) de Martin Amis narra mucho mejor la práctica política del comunismo soviético y La casa de los encuentros, una novela del mismo autor, muestra mucho mejor la vida cotidiana en el paraíso socialista. En el primero hay un mayor esfuerzo por argumentar qué atrae de esa ideología y qué lleva a justificar los desmanes en su nombre. Hay menos clase magistral y más argumentación. Koba el Temible puede poner en duda la fe, Los enemigos del comercio la reforzará.

Termino diciendo que, pese a mis críticas, no lo he pasado mal leyendo las más de 1800 páginas de Los enemigos del comercio. El profesor Antonio Escohotado siguen teniendo dotes narrativas y es un pensador heterodoxo, aunque en esta obra no pueda estar de acuerdo con él (al menos en la forma).





  • Comments(0)//vettoniaobliga.antoniomartincabello.com/#post120
Next »