Vettonia obliga

Vettonia obliga

Sobre el blog

En este blog quiero recoger algunas de mis lecturas, pasajes de mi vida académica y de mis viajes, así como ideas sobre la cultura y la sociedad actual.

Sociología del moderneo

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Fri, April 27, 2018 22:23:15

Las variaciones de las subculturas juveniles urbanas son enormes. Tanto las clases populares como las clases medias, y las siempre más reducidas clases altas, han generado jóvenes que adoptan estilos subculturales específicos. En los últimos tiempos se han escrito una serie de obras que prestan atención a la subcultura predominante entre los jóvenes (y ya no tan jóvenes gracias a la extensión de la juventud) de las clases medias. Hace un tiempo ya reseñe en este mismo blog el libro del periodista David Brooks, BoBos en el Paraíso (2000), en el que se mostraban algunas de las características de esta nueva subcultura. Posteriormente, el también periodista Víctor Lenore publicó Indies, Hipsters y gafapastas (Madrid, Capitán Swing, 2014). Este parece una continuación en clave castiza del libro de Brooks. Mostraba las ansias de distinción de las subculturas juveniles hipster o indie en España. Remarcaba su deseo de integración con el mundo cultural anglosajón, su consumismo e integración en el capitalismo (“la cultura de los modernos es el brazo artístico del mundo corporativo”, p. 120) y un apenas oculto conservadurismo político.

Iñaki Dominguez continúa esta tradición con su Sociología del moderneo (Melusina, 2017). Lo acabo de terminar y me ha producido una impresión muy grata. Domínguez es filósofo y antropólogo y plantea una sociología del fenómeno del moderneo (en el que se incluirían los BoBos, indies o hípsters de diverso pelaje). El texto es más reflexivo que el de Brooks o Lenore, con múltiples referencias a textos sociológicos, si bien se lee con soltura. No deja de ser un ensayo y el autor consigue mantener la atención del lector con diversas anécdotas personales o extraídas de los medios de comunicación y las redes sociales. Esto se agradece, porque los sociólogos tenemos una marcada tendencia a dejarnos caer por el tobogán del academicismo.

Plantea que el moderneo es un fenómeno que busca ante todo la distinción. Es una estrategia a través de la cual jóvenes de clase media, de modo mayoritario aunque no único, buscan un lugar en la sociedad española. Es, además, un falso elitismo, porque es una corriente conseguida a través del consumo y con vinculaciones con la misma subcultura a nivel internacional. Es una subcultura con un pensamiento dogmático, donde prima el conformismo y la ausencia de pensamiento crítico enmascarados con la idea de tolerancia. El moderneo, cree Domínguez, está “entreverado y determinado en todas sus manifestaciones por los principios del capitalismo” (p. 141). Y eso tanto en la esfera del consumo, fuente de la construcción identitaria, como en la de la producción, con la preferencia por trabajos creativos.

La descripción de la subcultura resulta convincente y, seguramente, se aproxime mucho a la realidad. El trabajo, sin embargo, adolece de algunas carencias precisamente de índole sociológica. Por ejemplo, cuando Iñaki Dominguez se lanza a elaborar un perfil del moderno tipo nos dice que es un “universitario de provincias de clase media que estudia en Madrid o Barcelona” (p. 45). Puede ser, o tal vez no. Aquí encontramos el problema de la cuantificación. ¿Cuántos son los modernos? ¿Qué proporción representan respecto al conjunto de jóvenes en esas grandes ciudades? Este problema, no obstante, es común a este tipo de descripciones. Cuando Dick Hebdige, en su famosa obra Subcultura. El signficado del estilo (1979), describía a las “espectaculares” subcuturas juveniles británicas, en especial la de los punkies, tampoco nos decía cuántos eran ni su proporción respecto al conjunto de jóvenes en el Reino Unido.

En realidad, la cuantificación resulta difícil por varios motivos. En primer lugar, la pertenencia a una subcultura no es en ningún caso algo absoluto. La implicación puede ser temporal o de por vida, a tiempo completo o tiempo parcial, completa o adaptada a los gustos del joven. Y, en segundo lugar, no abundan las encuestas ni los estudios etnográficos sobre subculturas juveniles (estos últimos, sin embargo, son algo más frecuentes, pero sin tirar cohetes). Y en España menos. Lo que son más frecuentes son los artículos periodísticos que, en su mayor parte, se quedan en el titular.

En todo caso, la adscripción de los modernos a la clase media parece clara, su vinculación con barrios específicos de Madrid y Barcelona también. Sin embargo, que vengan en su mayor parte de provincias no me parece tan claro. Al menos pienso que debería profundizarse en ello.

Lo interesante de este tipo de subculturas, creo, es su cultura matriz. Proceden de las clases medias. Afirmaba Stuart Hall al hablar de los hippies, que la importancia de las subculturas de clase media radica en que anticipan tendencias generales de la sociedad. Muestran desarrollos que la sociedad en su conjunto terminará por hacer suyos. Esto parece claro, y los “modernos” nos muestran tendencias que el conjunto de la sociedad aceptará (si no lo ha hecho ya), como el consumismo, el conservadurismo acrítico, la valoración de la juventud y la estética, la preferencia por trabajos “creativos” en detrimento de profesiones más “industriales” o, entre otras, el deseo de distinción a través del “parecer”, léase consumo, frente al “ser”.



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Libro actas CIECI 2018

Vida académicaPosted by Antonio Martín-Cabello Mon, April 16, 2018 13:11:39
Aquí teneis el libro de actas del I Congreso Internacional de Estudios Culturales Interdisciplinares (CIECI), que se celebró en Madrid los días 7, 8 y 9 de febrero de 2018. Espero que os guste.



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Sociología de las tendencias

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Mon, April 16, 2018 13:03:47

Sociología de las tendencias (Barcelona, Gustavo Gili, 2013) es un libro breve y en apariencia sencillo, pero muy ilustrativo. Está escrito en un tono divulgativo que no oculta el profundo conocimiento sobre el mundo de las modas y las tendencias mostrado por el profesor Erner Guillaume. Tras definir el objeto de la sociología de las tendencias en “los objetos y las prácticas que dependen de los gustos colectivos repentinos y convergentes” (p. 23), es decir, en los objetos y prácticas que dependen de mecanismos no funcionales; trata de mostrarnos las carencias de las perspectivas más habituales en el análisis de las mismas.

En primer lugar, rechaza las visiones esencialistas que derivan la explicación de las tendencias del mensaje, esto es, de la misma tendencia. En líneas generales plantea los límites de una lectura semiológica de las tendencias. Y, en segundo, de las visiones que se centran en el mensajero. Dicho de otro modo, en la difusión de las tendencias de unos agentes a otros. En su lugar, contempla la moda y las tendencias como el resultado natural de la sociedad moderna y democrática. Así, “el individualismo democrático ha generado las tendencias” (p. 93) y estas son un proceso sin sujeto concreto. Las tendencias son fruto de las consecuencias no intencionales de las decisiones individuales de miles de individuos.

Esto, sin embargo, como muestra en la conclusión es contrario a la opinión más generalizada: “El sentido común rechaza aceptar la idea según la cual los gustos colectivos no tienen una lógica propia. Por este motivo, en cuanto se trata de explicar la génesis la difusión de las tendencias, florecen las teorías del complot. (…) La creencia en un politburó de las tendencias revela la incapacidad de imaginar un poder cuya influencia llega a todas partes, sin disponer de una sede” (p. 123). Esto último me parece especialmente relevante. Por mi experiencia impartiendo clases en un entorno universitario, una de las cosas más difíciles es transmitir la noción de procesos no intencionales y remarcar su gran importancia en la vida social. La creencia en conspiraciones, elites y clases dominantes lo puede todo. Resulta difícil aceptar que estas elites y clases dominantes tienen un poder relativo y que, en muchas ocasiones, los procesos sociales son ciegos y carentes de sentido. Creo que la búsqueda de explicaciones causales y, las más de las veces, de culpables, nos ciega para aceptar una realidad: la ausencia de sentido en muchas de las cosas que ocurren, aunque tengan su origen en acciones racionales y conscientes de los actores sociales.




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CIECI 2018

Vida académicaPosted by Antonio Martín-Cabello Tue, January 30, 2018 16:11:19
La semana que viene comienza CIECI 2018. ¡Os esperamos allí!



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Nuevo artículo: "Ciudadanía global"

Vida académicaPosted by Antonio Martín-Cabello Thu, January 25, 2018 10:08:09
Ha sido publicado mi nuevo artículo en la revista Arbor del CSIC bajo el título: "Ciudanía global. Un estudio sobre las identidades sociopolíticas en un mundo interconectado". Espero que os guste.

Resumen:

Este artículo pretende realizar un estudio sobre la posible aparición de un nuevo tipo de ciudadanía: la ciudadanía global. Buena parte de la bibliografía de ciencias sociales lleva tiempo anunciando el debilitamiento del estado-nación y de la ciudadanía nacional como resultado del proceso de globalización. La consecuencia sería el aumento del cosmopolitismo y la emergencia de una identidad ciudadana global. Esta sería, en principio, especialmente acusada entre los colectivos más globalizados. En el artículo se analizarán dos: los mochileros y los expatriados corporativos. Sin embargo, se intentará mostrar que cuando se utiliza la evidencia empírica disponible existen rasgos contradictorios. Tanto los mochileros como los expatriados corporativos comparten una retórica cosmopolita que no tiene un correlato tan claro en la esfera de las prácticas.



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El muro invisible

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Sat, December 16, 2017 16:46:12

El grupo Politikon presenta en El muro invisible (Barcelona, Debate, 2017) su visión sobre las dificultades que atraviesan los jóvenes en España. En especial las dificultades emanadas de la crisis económica. El libro está dividido en tres grandes partes: las dificultades de ser joven en España, las causas y, por último, las consecuencias políticas de la situación de la juventud. En la primera parte se revisan las dificultades. Entre ellas pueden citarse: los altos niveles de desempleo y la mayor incidencia de la pobreza entre los jóvenes –los jóvenes son los grandes perdedores de la crisis de 2008–, el retraso en la edad al matrimonio, la baja natalidad y el lento proceso de emancipación, junto con la emigración de los más capacitados al extranjero huyendo de esas situaciones.

Las causas de esos problemas las encuentran en tres grandes áreas. En primer lugar, el mercado de trabajo. La dualidad histórica del mercado de trabajo hace que las crisis se ceben especialmente en los jóvenes, que sufren mayores niveles de temporalidad. Esto produce que sus ingresos sean menores y que tengan un nivel de protección más bajo ante las adversidades. En consecuencia, son un colectivo más vulnerable. En segundo lugar, en un sistema educativo que contribuye a esa dualidad, ya que genera un alto porcentaje de jóvenes con estudios universitarios, de un lado, y, de otro lado, un alto porcentaje de jóvenes que o bien no acaban la educación básica o no continúan estudiando (debido al abandono y a los altos niveles de repetición). Ente ambos, la educación secundaria y profesional se encuentra relativamente abandona. Y, en tercer lugar, mantienen que nuestro Estado de Bienestar se encuentra volcado hacia los mayores, protegiendo relativamente poco a los más jóvenes. “Nuestro Estado del Bienestar es una herencia del pasado. (…) Tiende a proteger a los mayores –que fueron en verdad un colectivo vulnerable en el pasado– en buena medida a costa de los jóvenes” (p. 146). Es un modelo de Estado de Bienestar, además, que descansa en un modelo de familia en declive y en un papel subordinado para la mujer.

Estas tres causas hacen que la juventud se encuentre en una situación de desventaja frente a generaciones anteriores a la hora de realizar sus proyectos vitales. Este análisis me parece adecuado y en líneas generales puede darse por válido. Podría resumirse en la manida frase: “los jóvenes actuales vivirán peor que sus padres”. Las soluciones que plantean, sin embargo, son más problemáticas. Apuestan por reducir la dualidad laboral, con soluciones sobre todo en el plano legislativo (modificar la estructura productiva del país se antoja más difícil); y por eliminar o reducir la repetición y favorecer que los jóvenes con dificultades continúen estudiando para aliviar la dualidad educativa. Y respecto al Estado de Bienestar creen que se debe “progresar hacia un modelo que haga compatible el papel económico de las mujeres, la emancipación de los jóvenes y una demografía saludable” (p. 163).

Estas soluciones pueden parecer naturales, pero lo más interesante es que son una opción “política” no explicitada (lo cual no resulta extraño teniendo en cuenta que el grupo que firma la obra se llama Politikon). Y digo no explicitada, porque no exploran, ni siquiera para rechazarlas, opciones fuera de su marco de referencia político. Pongo un par de ejemplos. El primero en relación a la demografía. En todo el libro se asumo que debe existir una “demografía sana” para mantener el equilibrio intergeneracional y que funcione el sistema de bienestar, en especial la esfera de las pensiones. Sin embargo, no se exploran otros caminos de tipo no “natalista” para conseguir ese equilibrio. Si los españoles, como parece, no tienen hijos, pues podrían admitirse mayores contingentes de inmigrantes. Al final, el equilibrio poblacional se conseguiría vía inmigración y no vía natalidad. (Esta solución, claro está, tiene sus propios problemas. Sin embargo, en el libro no se maneja esta opción).

El segundo hace referencia al presupuesto del equilibrio poblacional a la hora de mantener las pensiones y la sanidad. Este presupuesto solo es necesario (vía natalidad o inmigración, como hemos comentado) en el caso de que se apueste por un sistema de reparto. Sin embargo, podría apostarse por un sistema contributivo. Tampoco se explora esta opción, ni para rechazarla. Además, incluso aceptando el sistema de reparto, tampoco está claro que un equilibro poblacional, como ellos llaman, una “demografía saludable”, asegure la viabilidad de dicho sistema. En la actualidad, los bajos salarios hacen que, pese a altos niveles de afiliación a la Seguridad Social, las cotizaciones sean bajas y no cubran las necesidades del sistema. La recaudación en un sistema así podría depender más de la productividad del trabajo que de su abundancia. Menos trabajadores con altos salarios podrían hacer más sostenible el sistema que muchos con bajos salarios. Además, se podría optar por mantener las pensiones y las prestaciones del Estado de Bienestar vía impuestos directos o indirectos. Es decir, de esto modo el peso de las mismas recaería en la riqueza total de la sociedad y no solo en las cotizaciones de los trabajadores. Valga esto para ejemplificar a que me refiero cuando digo que hay presupuestos políticos no explicitados en toda la obra.

En la última parte del libro, como dije al comienzo, se recogen las implicaciones políticas de esta situación. Se trata de ver cómo los jóvenes pueden articular sus peticiones. “La idea es que los jóvenes pasen a ser ganadores en un sistema en el que hoy son los más perjudicados. (..) Eso significa que hay otros que saldrán perdiendo, al menos en el corto plazo” (p. 169). Creen, en primer lugar, que las reformas tanto del mercado de trabajo como del Estado de Bienestar están bloqueadas por las generaciones del baby boom hacia arriba. Es decir, el actual statu quo está blindado por una línea generacional. El bloqueo educativo, sin embargo, respondería a causas de enfrentamiento político, que aprovecha fracturas normativas de los españoles en torno al bilingüismo, la educación para la ciudadanía o las clases de religión. Resumiendo: “Si tuviésemos que delinear un perfil del español tipo que defiende el statu quo regulatorio actual pensaríamos en un hombre, de nacionalidad española, estudios medios, empleo fijo, vivienda en propiedad y aspiración a la tranquilidad. Ese español tipo estaría en el centro, en el núcleo protegido por el sistema. Los jóvenes, junto a las mujeres, los parados de más de cincuenta años, los pobres y los inmigrantes se encuentran en los márgenes” (p. 184).

Los autores aventuran que los jóvenes españoles se encuentran “insatisfechos” con la democracia, piden más de ella; pero no existe una “desafección”, es decir, un alejamiento del sistema político. Además, los jóvenes tienden a no utilizar las mismas etiquetas políticas que los mayores, ni en el mismo sentido. Sin embargo, en cuanto a su participación política efectiva, debe decirse que el sistema de partidos no presta demasiada atención a este colectivo por dos motivos. Uno, porque los jóvenes, entre 18 y 35 años, son un colectivo no demasiado numeroso. Y dos, porque tienden a participar poco en las elecciones. Los jóvenes tienden a participar menos a través de mecanismos institucionalizados (elecciones o partidos políticos) y más a través de mecanismos alternativos (huelgas, manifestaciones o peticiones). Existen, así mismo, importantes diferencias en la participación política de los jóvenes, pues existen sectores movilizados tanto en lo institucional como a través de vía alternativas (jóvenes universitarios de clase media y media alta) y jóvenes desmovilizados (el resto). Cuando los jóvenes votan, además, lo hacen a partidos diferentes que los mayores. En España, por ejemplo, Podemos y Ciudadanos captaron el voto joven en mucha mayor media que el PSOE o el PP. Creen que la emergencia de estos partidos abre una ventana de oportunidad para incluir una agenda volcada en los problemas de los jóvenes y una redistribución de las ventajas del sistema.

El libro tiene un tono divulgativo, alejado de la prosa académica, que a veces produce asertos demasiado esquemáticos y poco matizados. Sin embargo, los autores intentan fundamentar sus argumentos en datos e investigaciones rigurosas. Es un libro interesante que acierta en la temática y el tono. Aunque no se esté de acuerdo, o del todo de acuerdo, con las soluciones propuestas o con algún aspecto de análisis, resulta pertinente. La verdad es que la crisis económica, causa de muchos de nuestros problemas actuales, está volviendo a traer a la escena pública un tipo de análisis estructural que se había perdido en las ciencias sociales, presas de visiones más “postmaterialistas”. Y esta obra es una contribución bien escrita y planteada desde esta perspectiva. Bienvenida sea.



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Programa definitivo CIECI 2018

Vida académicaPosted by Antonio Martín-Cabello Wed, December 13, 2017 16:01:00
Estimados/as amigos/as:

Se ha publicado el programa definitivo de I Congreso Internacional de Estudios Culturales Interdisciplinares (CIECI 2018). Espero que os guste.



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Populismos

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Sun, December 10, 2017 15:21:22

En Los enemigos íntimos de la democracia, que reseñé en este mismo blog, Tzvetan Todorov establecía que el populismo era uno de los tres principales peligros para la misma. Fernando Vallespín y Máriam M. Bascuñán ahondan en esta tesis en Populismos (Madrid, Alianza, 2017). En el mismo intentan definir el populismo, no sin dificultades, pues es una ideología sin ideología. Esto es, sin un aparato teórico racional construido de un modo sistemático y coherente. Más bien, afirman, el populismo descansa en un intento de construir un bloque político en torno a la divisoria entre una élite y un pueblo definidos de modos diferentes en diversos contextos geográficos y temporales. En nuestro país, por ejemplo, el populismo de izquierdas ha aplicado esta forma de polarizar lo político con expresiones como “ni izquierdas ni derechas, ahora la política va de los de arriba y los de abajo”, las “casta” frente al “pueblo”, el “régimen del 78” o el “bloque monárquico” contra la gente, y un largo etcétera. Así, el “populismo se reduce al final a todo esfuerzo por construir comunidad a partir de diferencias y conflictos presuntamente inconmensurables; es un principio formal carente de contenido propio” (p. 67).

Para conseguir generar esta “comunidad imaginada”, en el sentido que le daba B. Anderson, la estrategia populista apela más a la emoción que a la razón. Se rehúye la teorización, incluso la evidencia empírica, el reino de los tecnócratas. El pueblo capta sus verdaderos intereses subjetivamente. “Por eso el populismo no teme a la sencillez y falta de trabazón teórica de sus discursos” (p. 80). De hecho, como recogen en el tercer capítulo, Internet ha favorecido este tipo de respuesta emocional. La posverdad, los “zasca” y la frase ingeniosa sustituyen a los hechos y los argumentos racionales. Problemas técnicos complicados son condensados en 140 caracteres (ahora el doble) y, al menos en la esfera sentimental, la solución parece posible.

Obviamente no todos los populismos son iguales. En el cuarto capítulo revisan especialmente los populismos de Estados Unidos, Francia y España, y en menor medida de otros países. Sin embargo, todos presentan patrones comunes; porque, y esta es una tesis fundamental del libro, el populismo, al menos en las democracias más asentadas, es una reacción “hacia la impotencia de la política y el autismo y la arrogancia tecnocrática de las élites” (p. 138). Dicho de otro modo, una reacción a las limitaciones y problemas de las democracias liberales. Estas limitaciones se intentan solventar apelando al pueblo, uno de los polos de la democracia liberal. El voto del pueblo se convierte en el único requisito de la democracia. Se olvida el otro extremo: el aparato constitucional que establece un sistema de división de poderes para proteger a las minorías derrotadas en la votación. Porque para el populismo el ganador, el pueblo se defina este como se defina, se queda con todo. Y los perdedores, la “casta”, élite o cualquier otra denominación, lo pierde todo.

La solución sería combinar ambos polos, el liberal (rule of law, división de poderes, protección de las minorías) y el democrático (votaciones, comunidad política). Para ello proponen el ideal republicano, si bien reconocen que aunque teóricamente es una solución atractiva, en la práctica es difícil de implementar (p. 265). El problema radicaría en conseguir amalgamar al pueblo real, es decir, a las heterogéneas sociedades actuales, con el pueblo como “unidad” política. Porque la política precisa de una unidad de acción que integre los intereses fragmentarios de la comunidad sociológica. El populismo sería, creen los autores, una falsa salida a esta aporía de la política. “Sería una contrademocracia en el sentido literal del término, la total puesta en cuestión del orden político formal, pero también de ese conjunto de actuaciones, instituciones y prácticas plurales e indiferenciadas; representa una oposición visceral carente de una auténtica voluntad por integrarse en el cuerpo político conocido si no es bajo los presupuestos de la exclusión y la autoafirmación de un supuesto y amorfo pueblo auténtico bien tutelado por su partido o líder” (p. 271). El resultado de la llegada al poder de los populismos es, sostienen, bien conocido: una actitud depredadora del Estado, clientelismo, no respeto de los derechos de las minorías, antiparlamentarismo y autoritarismo, y por último un ataque a la división de poderes y los principios formales.



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Imperiofobia y Leyenda Negra

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Tue, August 22, 2017 00:09:51

El verano es un tiempo estupendo para leer y he aprovechado para intentar disminuir algo la pila de libros que suelo acumular en la mesilla de noche. Entre las cosas que he leído y que más ha llamado mi atención se encuentra Imperiofobia y leyenda negra. Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español (Siruela, 2017) de María Elvira Roca Barea. El texto ha tenido éxito editorial, pues he visto que han sacado ocho ediciones. La autora parece haber dado con el “tema”. Esto es realmente complicado. Libros magníficos duermen el sueño de los justos. Algunos son rescatados y otros cogen polvo en bibliotecas. Años más tarde otro autor puede escribir un libro, tal vez peor, sobre la misma temática y, de repente, tener gran éxito. En ese caso el tema y el momento han coincidido.

La tesis central de libro afirma que todo imperio genera fuerzas centrífugas que luchan contra el mismo. Cuando estas fuerzas tienen el suficiente poder y son capaces de aunar un cuerpo intelectual a su alrededor, suelen crear un relato descalificador sobre el imperio. Es lo que se conoce como leyenda negra. Los imperios, además, debido a su estructura inclusiva no suelen ser capaces de combatir la propaganda en su contra. Siempre esperan integrar a los díscolos y hacer contrapropaganda atentaría contra este objetivo.

De este modo, todos los imperios tienen una leyenda negra propia. La tuvo Roma y la tienen el imperio ruso, estadounidense y el extinto imperio español. Además, según la autora los argumentos contra el imperio son similares en todos los casos. El que estudia con más profusión es el del Imperio español. Para Roca Barea, la leyenda negra es un relato propagandístico creado por las potencias nacionales que surgieron durante los siglos XVI y XVII en lucha con el Imperio español, hegemónico en aquel momento. Así, en los Países Bajos, Alemania, Italia e Inglaterra principalmente se creó un relato con el objetivo de combatir a la potencia imperial en al ámbito de las ideas.

Hasta aquí, afirma, sería normal aceptar la existencia de estos relatos fruto de confrontaciones políticas. Lo que no resulta tan frecuente es la persistencia de la Leyenda Negra (así, sin adjetivo, suele referirse a la Leyenda Negra española). La causa se encuentra, afirma una y otra vez a lo largo del libro, en que los países protestantes del norte de Europa se constituyeron en Estados-nación en su lucha contra el Imperio español. Las iglesias protestantes crearon el mito fundacional de esas naciones y el antiespañolismo es consustancial a los relatos legitimadores del poder.

Lo más curioso ha sido el éxito de la propaganda antiespañola. Los mismos españoles la han hecho suya y hoy día sigue influyendo en sus vidas. Eso es especialmente gravoso cuando “el Imperio español es una unidad histórica ya fallecida (…) No hay continuidad entre aquellos españoles y estos españoles” (p. 474). Es decir, la España actual no tiene nada de imperial y, sin embargo, la imagen deformada del extinto Imperio español creada por sus enemigos continúa jugando en contra de los actuales habitantes de este país.

Recuerdo, sobre este punto, cuando en Sudamérica algunas personas me hablaban del Imperio español y de las cosas que hicimos allí los españoles. Las primeras veces no sabía cómo contestar porque no sabía exactamente que le había hecho yo a esas personas. Me pasó algo parecido en Melilla, cuando el rabino sefardita que nos enseñaba la sinagoga nos llevó a su despacho y sacó una enorme llave. Según dijo, abría la casa que sus antepasados habían abandonado cuando “los españoles los echamos”. Los Reyes Católicos, se entiende, pero enfatizo el “españoles” refiriéndose a nosotros.

Vuelvo al hilo anterior, pues a veces me pierdo en recuerdos más o menos relacionados. Para mí el Imperio era una cosa de libros, ensayos y novelas, no una realidad presente. De hecho, comencé a leer más cosas sobre el Imperio español a partir de esos comentarios. Cuando les explicaba que en España lo del Imperio era algo “olvidado y enterrado” me miraban con cierta desconfianza. Otro gallego intentado escaquearse, pesarían. Pero la verdad es que en España el desconocimiento histórico sobre este tema es enorme entre muy amplias capas de la población.

De todo el libro, lo más llamativo es la insistencia de considerar la Leyenda Negra como una realidad necesaria para la mentalidad protestante. Los protestantes, afirma, son necesariamente antipapistas y antiespañoles. Precisan de un enemigo, mientras que los católicos los consideran gente equivocada a la cual es necesario volver a llevar al redil. No en vano, es una iglesia “universal”, no nacional. En ese sentido, afirma, el catolicismo no ejerce una propaganda tan agresiva ni demoniza al protestante.

El libro tiene muchas virtudes, sobre todo la de intentar devolver un cierto orgullo nacional a la hipercrítica España actual. Si uno se asoma a Twitter o a cualquier otra red social y lee lo escrito por nuestros compatriotas sobre nuestro país seguro que se preguntará por qué los españoles no salen huyendo de tan abyecto agujero –pero bueno, ese es otro tema para otra entrada en el blog–. Sin embargo, en mi opinión el ensayo también contiene algunos excesos. El principal, creo, es la creación de una “Leyenda Blanca” en contraposición a la “Leyenda Negra”. Con esto me refiero a la búsqueda de aspectos positivos en la actuación española como medio de contrarrestar la propaganda negativa. Es verdad que en muchas ocasiones se nos atacó injustamente y se faltó a la verdad, pero eso no justifica lavar demasiado nuestra imagen.

La conquista de América tuvo, sin duda, aspectos positivos como afirma Roca Barea (creación de hospitales, obras públicas, universidades, la creación de un espacio económico amplísimo, etc.). Pero esto no debe hacer olvidar que toda conquista es violenta y que se explotó gravemente a los nativos y a otros pueblos –en todo el ensayo, por ejemplo, no se habla de la práctica de la esclavitud dentro del Imperio español, que existió–. Los conquistadores eran valientes, astutos y también unos perfectos bandidos capaces de matar a quién fuera para conseguir sus objetivos: oro, tierra, siervos, honor… (cuando leí la crónica de Bernal Díaz del Castillo lo que más me sorprendió fueron las continuas trifulcas entre los propios españoles).

Es verdad que la Corona creo leyes para defender a los indios y que surgió un Derecho de Gentes muy avanzado, pero también lo es que esas leyes se cumplían poco. América estaba muy lejos y los españoles en América podían decir sin reparos “se acata, pero no se cumple”. Además, cuando se lee a Roca Barea de la impresión de que la España de Carlos I y de Felipe II era el reino de la libertad de pensamiento. Tal vez, pero también es cierto, como reconoce Geoffrey Parker en su monumental biografía de Felipe II, que este prohibió a los españoles salir a estudiar al extranjero. Suficiente por el momento para mostrar a qué me refiero con “Leyenda Blanca”.

Además, aunque María Elvira Roca Barea afirma que la Leyenda Negra se encuentra presente en personas de todas las ideologías, tiene una cierta tendencia a hablar de “la izquierda” como mantenedora del mito. No sé, me recuerda algunas argumentaciones ya pasadas en las cuales no quiero entrar –por ejemplo, el antiamericanismo en España es producto de la izquierda (pp. 81-82), pero nada se dice del antiliberalismo (la pérfida Albión…) producto del franquismo y la educación nacionalcatólica–. Dicho todo lo anterior, mucho para un post, pues no solemos leer demasiado delante de una pantalla, recomiendo el libro. Al final del mismo, la autora afirma que el lector a esas alturas será su amigo o su enemigo. Enemigo no. Tal vez un amigo crítico. Simpatizo con el objetivo final, aunque en el camino hay diferencias sobre como vemos las cosas.



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La sociedad que seremos

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Wed, June 14, 2017 17:50:25

Belén Barreiro, expresidenta del CIS y directora-fundadora de la consultora MyWord, publica La sociedad que queremos. Digitales, analógicos, acomodados y empobrecidos (Barcelona, Planeta, 2017). En el mismo trata de mostrar, con un evidente tono divulgativo, cuáles han sido los principales cambios sociales en la sociedad española como consecuencia de la última crisis económica. Para ello, construye una tipología de españoles resultantes de la crisis en torno a dos ejes: digitalización y posición económica (Figura1).

Figura 1. Fuente: Elaboración propia a partir de la obra de Belén Barreiro.

Los representa con la historia de cuatro personas, a modo de tipo ideal. El primero sería Miguel, un joven acomodado digital votante de Ciudadanos. El segundo es Sabino, un votante del PP acomodado, de más edad y analógico. La tercera sería Alicia, una joven digital empobrecida por la crisis y votante del Podemos. Por último, Josefa sería una empobrecida analógica que vota al PSOE.

En el eje económico convivirían dos Españas: “Los empobrecidos han dado marcha atrás en el tiempo, retrocediendo a la España previa al consumismo, aquella que luchaba por sobrevivir y en la que cabía aún la protesta. Los acomodados, a la vanguardia, viven en un país con ansias de innovación, digitalizado y cosmopolita” (p. 93). En el eje digital también convivirían dos Españas divergentes. Una analógica, con un perfil femenino, de clase baja, con menores ingreso y menor nivel educativo. Otra digital, con un perfil masculino, de clase media y alta, con mayores ingresos y mayor nivel educativo (pp. 195-205). Los analógicos votarían a los partidos tradicionales y los digitales a las nuevas formaciones.

A estos dos ejes habría que sumar la “brecha generacional”, ya que los jóvenes (sobre todo los llamados millennials) son más propensos a votar a partidos nuevos frente a los tradicionales del “bipartidismo” y tienen mucha mayor desconfianza en las instituciones tradicionales. Los jóvenes, además, están mayoritariamente del lado empobrecido (p. 121).

Para desarrollar esta tipología utiliza datos cuantitativos provenientes de fuentes oficiales, en especial del CIS, y los estudios cualitativos de su propia empresa MyWord. Es algo que se agradece, ya que todo el libro aparece fundamentado en datos, ante tanto ensayo aparecido en los últimos tiempos sobre los “males de España” sin la más mínima base empírica.

Esta tipología, nos dice la autora, no refleja toda la diversidad de la sociedad española, pero cree que es una buena herramienta para analizar los cambios provocados por la crisis. Puede ser, pero en mi opinión, los ejes arriba y abajo (acomodados vs. empobrecidos) y analógicos y digitales si bien son necesarios, no son suficientes para describir nuestra sociedad. Es verdad que incluir más dimensiones hubiese complicado el análisis y la exposición, restando claridad al ensayo, pero sería una aproximación más fidedigna. Desde mi punto de vista hay tres ejes más que deberían ser incluidos:

1. Ideológico. La división Izquierda-derecha, muchas veces declarada muerta por los más variados analistas, se resiste a desaparecer. Las discusiones sobre la memoria histórica (el Valle de los Caídos, los desaparecidos de la Guerra Civil o el callejero) que tanto debate generan en la sociedad española no pueden entenderse sin el eje ideológico. El eje arriba/abajo, popularizado por Podemos, puede sumarse, pero no sustituye al eje ideológico.

2. Religioso-moral. Realidades como el matrimonio homosexual, la llamada familia tradicional, la gestación subrogada, la eutanasia o la enseñanza segregada siguen estando presentes con mucha fuerza en el debate público. Y no pienso que puedan reducirse al eje económico o comunicativo-digital. Estos hechos dividen a los españoles en función de presupuestos religiosos y morales no encuadrables en la tipología propuesta.

3. Identitario. Otro rasgo destacado es la polarización entre los nacionalismos identitarios periféricos y el nacionalismo identitario español. Y no es algo que pueda referirse al arriba y abajo o a digitales y analógicos. Sería otra dimensión independiente a contemplar en el puzle social de nuestro país.

Este panorama le hace hablar de cuatro Españas, quizá en contraposición con las famosas dos Españas (una de las cuales, es sabido, habría de helarnos el corazón). Un panorama que coincide con el actual sistema partidista:

“La España cuádruple, por tanto, ayuda a comprender la formación de un nuevo sistema partidista en nuestro país: la revolución digital es propulsora de fuerzas políticas emergentes que, a su vez, reflejan la fractura social que ha generado la crisis. Aun así, en todos los partidos coexisten, en mayor o menor medida, las cuatro Españas. Otros factores, como la ideología o el posicionamiento en la cuestión territorial, siguen siendo claves para entender los comportamientos políticos” (p. 217, cursiva añadida).

Son clave, pero el modelo no los contempla. Es como si la economía y la tecnología (estructura) fueran básicas frente a cuestiones como la moral, la religión, la ideología o la identidad (superestructura). En todo caso, no tengo claro si los partidos políticos son reflejo de estas cuatro Españas o las cuatro Españas son una construcción a partir del sistema político actual.

Por último, un comentario sobre un aspecto metodológico: un modelo como el propuesto requiere variables dicotómicas. Así, empobrecidos son los que tienen unos ingresos netos de 1500 o menos euros al mes. Y acomodados los que superan esa cantidad. Quizá utilizar más tramos de renta aclararía las cosas. E incluso aceptado esta dicotomía, ¿son lo mismo 1499 euros en Zafra o Don Benito que 1501 en Madrid o Barcelona? ¿Quién es el empobrecido y quién el acomodado?

Dicho todo lo anterior, me parece una obra interesante que intenta fundamentar sus conclusiones en datos. Ahora bien, pese a que muchas de sus conclusiones son, desde mi punto de vista, convincentes y acertadas, creo que un análisis con más ejes hubiese reflejado más la diversidad y complejidad de la sociedad española y hubiese enriquecido el libro (a cambio, soy consciente, de restarle claridad expositiva). Por ejemplo, incluir el eje identitario hubiese explicado muchas cosas en regiones como Cataluña, Galicia o el País Vasco. Porque, en definitiva, si algo caracteriza a la sociedad española actual es la complejidad y la diversidad.



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La economía castizo-irracional durante el boom inmobiliario

ActualidadPosted by Antonio Martín-Cabello Mon, May 29, 2017 19:11:40

Leyendo el capítulo que Schumpeter dedica a Böhn-Bawerk en 10 grandes economistas: de Marx a Keynes (Madrid, Alianza, 1976), encuentro la siguiente teoría económica: “el valor de los bienes presentes es por lo menos igual al de los futuros, y por lo general existe en todo sistema económico un exceso de valor de los primeros bienes respecto a los segundos” (1976: 248). El caso es que esta teoría me ha hecho mucha gracia al recordarme una anécdota del pasado.

Hace muchos años, cuando andábamos buscando casa, acudí con mi novia, hoy mi esposa, a una feria inmobiliaria en Madrid. Eran los años de la locura y conseguir un piso decente a un precio que pudiera pagar un profesor ayudante era prácticamente imposible. Al menos, claro está, sin endeudarse durante cuarenta años.

Pues bien, estando en dicha feria, acudimos a un stand donde nos enseñaron los planos y una representación tridimensional de unos apartamentos en una zona de nuestro gusto. El problema surgió cuando le pregunté el precio al vendedor. Eran carísimos y, lo más extraño, eran más caros que la vivienda ya construida en esa zona –como he dicho, era de nuestro gusto, y ya habíamos realizado algunas pesquisas–. Cuando se lo hice notar al vendedor, este me contestó muy serio:

- Claro, es que los pisos sobre plano son más caros que los ya construidos. Puedes mirar en cualquier otro sitio.

Me dejó sin palabras, sobre todo por su aplomo al contestarme. Mi teoría en ese momento es que debía ser justo al contrario. Debían ser más baratos porque el comprador adelantaba dinero durante tres años para adquirirlos y lo correcto es que el precio fuese menor para compensar, de un lado, el riesgo y, de otro, el costo de vivir de alquiler durante esos tres años. Cuando le dije esto al vendedor me miró como diciendo: “Mira chaval, tus teorías me sobran, el que sabe soy yo, y eso no es así”. Al final no compramos el piso.

Esta teoría de Böhn-Bawerk me ha recordado ese momento. En la España del boom, cuando todos éramos ricos, hasta las teorías de afamados economistas eran puestas en duda por cualquier vendedor de pisos. En otro momento contaré cuando en una agencia inmobiliaria me intentaron convencer, sin mucho éxito, de que los “pisos no bajan nunca”. Aquella vendedora, además de despreciar mi salario como profesor universitario, habían inventado la ley de la inmutabilidad de los precios inmobiliarios. La realidad, pese a esa ley tan castiza, siempre se impone.



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IBEX 35

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Wed, May 17, 2017 11:16:00

El tema de las élites siempre ha interesado a la sociología. El sociólogo Rubén Juste presenta ahora el libro IBEX35. Una historia herética del poder en España (Capitán Swing, Madrid, 2017), en el cual analiza sobre todo los vínculos entre el poder político y los propietarios y gestores de las mayores empresas del país que cotizan en bolsa. Y el libro es lo que promete el título, al menos en parte, pues realiza una narración pormenorizada de los vínculos entre el poder político y las grandes empresas, llena de nombres propios. A veces, he de confesar, tanto nombre marea un tanto.

En lo que no estoy tan de acuerdo es en lo de herético, pues parece que nos esté descubriendo algo nuevo. Las relaciones entre el poder político y económico han sido estudiadas antes y no parece que haya nada fuera de lo normal en hacerlo. Las “puertas giratorias” y las “tramas” y “castas” varias no son nuevas. Lo que es verdad, sin embargo, es que tal vez, presos de nuestra riqueza, pudimos dedicar nuestro tiempo a una agenda postmoderna y olvidamos la economía política. En todo caso, hay obras que con otras perspectivas han tratado estos temas.

Recuerdo ahora, por ejemplo, un libro de Ramón Tijeras Las sagas del poder (Plaza y Janés, Barcelona, 1998). Lo leí hace muchos años. Hoy, curiosamente, su autor es compañero en el Departamento donde trabajo. En todo caso, lo recuerdo mucho más legible. Se nota que Tijeras es periodista y Juste sociólogo. Por lo que sea, no podemos evitar la prosa densa.

En todo caso, el libro de Juste resulta interesante como narración. Me hubiese gustado más análisis. Se centra durante toda la obra en el narrare factum y hay poco análisis. Al final, en el epílogo, se anima a ello, pero sin demasiada profundidad. Quedan, a mi modo de ver, preguntas sin contestar. ¿Son las puertas giratorias propias de nuestro país? ¿Ocurren en otros lares? ¿Es el modo habitual en el cual funciona el capitalismo o es una nuestra de un “capitalismo castizo”? ¿Las élites funcionan de un modo distinto al resto de la gente? Es decir, ¿las redes clientelares van más allá de la cúspide y son propias del tejido social de nuestro país? En fin, las preguntas más interesantes parecen quedarse en el tintero.

Con esto no pretendo negar el valor de la obra de Rubén Juste. Lo tiene, y mucho. Siempre es necesario fotografiar la realidad. Pero como sociólogo me gusta ir más allá de la instantánea y ver las relaciones de lo visible con lo subterráneo. Aventuro que habrá una segunda obra donde tratará estos temas. Esperaré y la leeré con interés.



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Turismo mochilero

Vida académicaPosted by Antonio Martín-Cabello Sat, May 13, 2017 12:27:50
Ya tenemos portada, cortesía de Septem ediciones, de nuestro nuevo libro "Turismo mochilero". El contenido muy pronto.



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methaodos.rcs 5 (1)

methaodos.orgPosted by Antonio Martín-Cabello Tue, May 09, 2017 10:55:50
Acaba de salir un estupendo monográfico sobre "Turismo cultural" en methaodos.revista de ciencias sociales, volumen 5, número 1. Espero que os interese.






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Anarco-capitalismo y anti-capitalismo

ActualidadPosted by Antonio Martín-Cabello Fri, April 28, 2017 09:07:55

Existe una narrativa sobre el capitalismo para la cual este es un orden espontáneo. Surge de los miles de intercambios entre individuos particulares que configuran una entidad llamada mercado. El mercado, afirma este relato, sería una realidad auto-organizada surgida de las interacciones entre intereses particulares. El homo economicus es capaz de procesar toda la información disponible de modo racional y tomar decisiones defendiendo sus intereses particulares para maximizar su riqueza. Este comportamiento lejos de llevar a una guerra de todos contra todos, permite la aparición de un orden fruto de la confluencia de estos intereses contrapuestos. El mercado sería el nombre con el cual se conoce este hecho. Frente al mismo se encontraría el estado, una realidad construida desde arriba utilizando, de un modo explícito o soterrado, la violencia física.

En todo caso, esta narrativa siempre ha mantenido que el estado se contrapone al mercado. El primero es una entidad extractiva mientas que el segundo sería una realidad generadora de riqueza. En sus versiones más extremas, que podemos denominar anarco-capitalistas, se plantea que el estado podría desaparecer o quedar reducido a una mínima expresión que ayude a reglamentar el mercado allí donde este no llegue. El mercado sería una forma de organización social adecuada para regular todas, o al menos la mayor parte, de las relaciones sociales de un modo más eficaz y pacífico que el estado.

Este discurso no es nuevo y es bien conocido. Frente a él aparece otro discurso que aceptando sus premisas pretende invertir la ecuación. Para el anti-capitalismo, el mercado sería una realidad que esconde una profundad explotación. Los dueños del capital construyen sus fortunas sobre la desgracia de los menos afortunados. Y lo hacen, además, con cartas marcadas, pues el estado lejos de oponerse al mercado es una construcción del mismo. Los políticos serían simples ayudantes de los dueños del capital. La única forma de solucionarlo sería que los oprimidos se hagan con el control del estado, el cual puede imponer sus tesis porque controla los medios para ejercer la violencia física, y hagan desaparecer el mercado o, en una versión más suave, consigan la propiedad y el control del mismo. El estado, en todo caso, se haría con las funciones ejercidas antes por el mercado.

Ambas versiones son, a mi modo de ver, contradictorias en su relación con el estado: para la versión liberal el estado es un enemigo del mercado mientras que para el anti-capitalismo es su amigo, en un primer momento, y un vehículo para su control o desaparición, en un segundo momento. Ambas versiones, sin embargo, comparten un presupuesto común: una supuesta tensión constitutiva entre el estado y el mercado. El mercado trata de minimizar o hacer desparecer el estado en la versión anarco-capitalista. El estado, una vez controlado por los desposeídos, combate el mercado en la versión anti-capitalista.

La realidad de esta relación, sin embargo, según múltiples recuentos no obedece a este planteamiento tan simple. Como afirmaba Karl Polanyi, aunque el sistema económico se separó durante el siglo XIX del resto de esferas sociales, eso no implicaba que los estados fueran independientes de los mercados. De hecho, las relaciones entre mercados y estados aúnan cooperación y competencia. En el fondo, la separación del sistema económico del resto de esferas sociales solamente pudo hacerse con el apoyo entusiasta del estado. Como argumentan convincentemente Patrick Iber y Mike Konczal a propósito de la obra de Polanyi:

“Los mercados y el comercio de mercancías son parte de todas las sociedades humanas, pero para llegar a una sociedad de mercado en un sentido significativo (lo que algunos simplemente llamarían capitalismo) estas mercancías ficticias tienen que estar sujetas a un sistema más amplio y coherente de relaciones de mercado. Esto es algo que solo se puede lograr mediante la coerción y la regulación del Estado. Por ejemplo, las tierras, antes poseídas en común por miembros de una comunidad, son parceladas y privatizadas, convirtiendo la tierra en una mercancía”.

Sin la participación del estado, el sistema de mercado no se habría podido desarrollar tal como lo conocemos hoy día. Por ese motivo, considero que la postura anarco-capitalista es incoherente, pues olvida que, aunque los mercados y el intercambio comercial han existido siempre, el sistema de mercado, esto es, la primacía de los mercados a la hora de organizar las relaciones económicas solamente apareció bajo el manto de un sistema estatal ampliamente desarrollado. Por el mismo motivo, considero que la postura anti-capitalista también yerra en su objetivo. ¿Por qué el estado ha de eliminar un sistema creado por el mismo? ¿Qué se gana con la operación? ¿Conocemos un sistema mejor para organizar las relaciones económicas? El estado, como entidad que ha contribuido a la creación del sistema capitalista, debe implicarse en su gestión, de modo que se controlen sus elementos más disfuncionales y se potencien sus virtudes. La idea es construir una economía de mercado a nuestra medida, no permitiendo los excesos de un sistema que se cree ajeno al resto de la sociedad cuando no es más que una de sus dimensiones.

Es cierto que sería posible construir un sistema económico bajo unas premisas completamente diferentes, como plantean los anticapitalistas. El problema es saber donde nos llevaría el intento. ¿Debemos sacrificar los logros actuales en pos de una arcadia feliz? En todo caso, los mapas para llegar a la misma en estos momentos brillan por su ausencia y los del pasado generaron verdaderos monstruos antihumanos. Hay mucha crítica a los desmanes del sistema capitalista –algunas de ellas, la verdad, justificadas–, pero pocas ideas originales para solventarlos y muchos menos un empeño en luchar políticamente por su consecución. Los objetivos maximalistas, como un supuesto futuro sin capitalismo, esconden una parálisis política preocupante.

Lo cierto es que los logros históricos del anti-capitalismo son magros. Los logros de la social-democracia en su intento por construir un sistema de mercado acorde a los valores y principios ilustrados son mayores. Esto no implica minusvalorar las posibilidades de cambio, pero tal vez sea más sensato hacerlo desde la plataforma de lo que ya funciona de un modo razonablemente exitoso.



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