Vettonia obliga

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Sobre el blog

En este blog quiero recoger algunas de mis lecturas, pasajes de mi vida académica y de mis viajes, así como ideas sobre la cultura y la sociedad actual.

Imperiofobia y Leyenda Negra

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Tue, August 22, 2017 00:09:51

El verano es un tiempo estupendo para leer y he aprovechado para intentar disminuir algo la pila de libros que suelo acumular en la mesilla de noche. Entre las cosas que he leído y que más ha llamado mi atención se encuentra Imperiofobia y leyenda negra. Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español (Siruela, 2017) de María Elvira Roca Barea. El texto ha tenido éxito editorial, pues he visto que han sacado ocho ediciones. La autora parece haber dado con el “tema”. Esto es realmente complicado. Libros magníficos duermen el sueño de los justos. Algunos son rescatados y otros cogen polvo en bibliotecas. Años más tarde otro autor puede escribir un libro, tal vez peor, sobre la misma temática y, de repente, tener gran éxito. En ese caso el tema y el momento han coincidido.

La tesis central de libro afirma que todo imperio genera fuerzas centrífugas que luchan contra el mismo. Cuando estas fuerzas tienen el suficiente poder y son capaces de aunar un cuerpo intelectual a su alrededor, suelen crear un relato descalificador sobre el imperio. Es lo que se conoce como leyenda negra. Los imperios, además, debido a su estructura inclusiva no suelen ser capaces de combatir la propaganda en su contra. Siempre esperan integrar a los díscolos y hacer contrapropaganda atentaría contra este objetivo.

De este modo, todos los imperios tienen una leyenda negra propia. La tuvo Roma y la tienen el imperio ruso, estadounidense y el extinto imperio español. Además, según la autora los argumentos contra el imperio son similares en todos los casos. El que estudia con más profusión es el del Imperio español. Para Roca Barea, la leyenda negra es un relato propagandístico creado por las potencias nacionales que surgieron durante los siglos XVI y XVII en lucha con el Imperio español, hegemónico en aquel momento. Así, en los Países Bajos, Alemania, Italia e Inglaterra principalmente se creó un relato con el objetivo de combatir a la potencia imperial en al ámbito de las ideas.

Hasta aquí, afirma, sería normal aceptar la existencia de estos relatos fruto de confrontaciones políticas. Lo que no resulta tan frecuente es la persistencia de la Leyenda Negra (así, sin adjetivo, suele referirse a la Leyenda Negra española). La causa se encuentra, afirma una y otra vez a lo largo del libro, en que los países protestantes del norte de Europa se constituyeron en Estados-nación en su lucha contra el Imperio español. Las iglesias protestantes crearon el mito fundacional de esas naciones y el antiespañolismo es consustancial a los relatos legitimadores del poder.

Lo más curioso ha sido el éxito de la propaganda antiespañola. Los mismos españoles la han hecho suya y hoy día sigue influyendo en sus vidas. Eso es especialmente gravoso cuando “el Imperio español es una unidad histórica ya fallecida (…) No hay continuidad entre aquellos españoles y estos españoles” (p. 474). Es decir, la España actual no tiene nada de imperial y, sin embargo, la imagen deformada del extinto Imperio español creada por sus enemigos continúa jugando en contra de los actuales habitantes de este país.

Recuerdo, sobre este punto, cuando en Sudamérica algunas personas me hablaban del Imperio español y de las cosas que hicimos allí los españoles. Las primeras veces no sabía cómo contestar porque no sabía exactamente que le había hecho yo a esas personas. Me pasó algo parecido en Melilla, cuando el rabino sefardita que nos enseñaba la sinagoga nos llevó a su despacho y sacó una enorme llave. Según dijo, abría la casa que sus antepasados habían abandonado cuando “los españoles los echamos”. Los Reyes Católicos, se entiende, pero enfatizo el “españoles” refiriéndose a nosotros.

Vuelvo al hilo anterior, pues a veces me pierdo en recuerdos más o menos relacionados. Para mí el Imperio era una cosa de libros, ensayos y novelas, no una realidad presente. De hecho, comencé a leer más cosas sobre el Imperio español a partir de esos comentarios. Cuando les explicaba que en España lo del Imperio era algo “olvidado y enterrado” me miraban con cierta desconfianza. Otro gallego intentado escaquearse, pesarían. Pero la verdad es que en España el desconocimiento histórico sobre este tema es enorme entre muy amplias capas de la población.

De todo el libro, lo más llamativo es la insistencia de considerar la Leyenda Negra como una realidad necesaria para la mentalidad protestante. Los protestantes, afirma, son necesariamente antipapistas y antiespañoles. Precisan de un enemigo, mientras que los católicos los consideran gente equivocada a la cual es necesario volver a llevar al redil. No en vano, es una iglesia “universal”, no nacional. En ese sentido, afirma, el catolicismo no ejerce una propaganda tan agresiva ni demoniza al protestante.

El libro tiene muchas virtudes, sobre todo la de intentar devolver un cierto orgullo nacional a la hipercrítica España actual. Si uno se asoma a Twitter o a cualquier otra red social y lee lo escrito por nuestros compatriotas sobre nuestro país seguro que se preguntará por qué los españoles no salen huyendo de tan abyecto agujero –pero bueno, ese es otro tema para otra entrada en el blog–. Sin embargo, en mi opinión el ensayo también contiene algunos excesos. El principal, creo, es la creación de una “Leyenda Blanca” en contraposición a la “Leyenda Negra”. Con esto me refiero a la búsqueda de aspectos positivos en la actuación española como medio de contrarrestar la propaganda negativa. Es verdad que en muchas ocasiones se nos atacó injustamente y se faltó a la verdad, pero eso no justifica lavar demasiado nuestra imagen.

La conquista de América tuvo, sin duda, aspectos positivos como afirma Roca Barea (creación de hospitales, obras públicas, universidades, la creación de un espacio económico amplísimo, etc.). Pero esto no debe hacer olvidar que toda conquista es violenta y que se explotó gravemente a los nativos y a otros pueblos –en todo el ensayo, por ejemplo, no se habla de la práctica de la esclavitud dentro del Imperio español, que existió–. Los conquistadores eran valientes, astutos y también unos perfectos bandidos capaces de matar a quién fuera para conseguir sus objetivos: oro, tierra, siervos, honor… (cuando leí la crónica de Bernal Díaz del Castillo lo que más me sorprendió fueron las continuas trifulcas entre los propios españoles).

Es verdad que la Corona creo leyes para defender a los indios y que surgió un Derecho de Gentes muy avanzado, pero también lo es que esas leyes se cumplían poco. América estaba muy lejos y los españoles en América podían decir sin reparos “se acata, pero no se cumple”. Además, cuando se lee a Roca Barea de la impresión de que la España de Carlos I y de Felipe II era el reino de la libertad de pensamiento. Tal vez, pero también es cierto, como reconoce Geoffrey Parker en su monumental biografía de Felipe II, que este prohibió a los españoles salir a estudiar al extranjero. Suficiente por el momento para mostrar a qué me refiero con “Leyenda Blanca”.

Además, aunque María Elvira Roca Barea afirma que la Leyenda Negra se encuentra presente en personas de todas las ideologías, tiene una cierta tendencia a hablar de “la izquierda” como mantenedora del mito. No sé, me recuerda algunas argumentaciones ya pasadas en las cuales no quiero entrar –por ejemplo, el antiamericanismo en España es producto de la izquierda (pp. 81-82), pero nada se dice del antiliberalismo (la pérfida Albión…) producto del franquismo y la educación nacionalcatólica–. Dicho todo lo anterior, mucho para un post, pues no solemos leer demasiado delante de una pantalla, recomiendo el libro. Al final del mismo, la autora afirma que el lector a esas alturas será su amigo o su enemigo. Enemigo no. Tal vez un amigo crítico. Simpatizo con el objetivo final, aunque en el camino hay diferencias sobre como vemos las cosas.



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