Vettonia obliga

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Sobre el blog

En este blog quiero recoger algunas de mis lecturas, pasajes de mi vida académica y de mis viajes, así como ideas sobre la cultura y la sociedad actual.

Populismos

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Sun, December 10, 2017 15:21:22

En Los enemigos íntimos de la democracia, que reseñé en este mismo blog, Tzvetan Todorov establecía que el populismo era uno de los tres principales peligros para la misma. Fernando Vallespín y Máriam M. Bascuñán ahondan en esta tesis en Populismos (Madrid, Alianza, 2017). En el mismo intentan definir el populismo, no sin dificultades, pues es una ideología sin ideología. Esto es, sin un aparato teórico racional construido de un modo sistemático y coherente. Más bien, afirman, el populismo descansa en un intento de construir un bloque político en torno a la divisoria entre una élite y un pueblo definidos de modos diferentes en diversos contextos geográficos y temporales. En nuestro país, por ejemplo, el populismo de izquierdas ha aplicado esta forma de polarizar lo político con expresiones como “ni izquierdas ni derechas, ahora la política va de los de arriba y los de abajo”, las “casta” frente al “pueblo”, el “régimen del 78” o el “bloque monárquico” contra la gente, y un largo etcétera. Así, el “populismo se reduce al final a todo esfuerzo por construir comunidad a partir de diferencias y conflictos presuntamente inconmensurables; es un principio formal carente de contenido propio” (p. 67).

Para conseguir generar esta “comunidad imaginada”, en el sentido que le daba B. Anderson, la estrategia populista apela más a la emoción que a la razón. Se rehúye la teorización, incluso la evidencia empírica, el reino de los tecnócratas. El pueblo capta sus verdaderos intereses subjetivamente. “Por eso el populismo no teme a la sencillez y falta de trabazón teórica de sus discursos” (p. 80). De hecho, como recogen en el tercer capítulo, Internet ha favorecido este tipo de respuesta emocional. La posverdad, los “zasca” y la frase ingeniosa sustituyen a los hechos y los argumentos racionales. Problemas técnicos complicados son condensados en 140 caracteres (ahora el doble) y, al menos en la esfera sentimental, la solución parece posible.

Obviamente no todos los populismos son iguales. En el cuarto capítulo revisan especialmente los populismos de Estados Unidos, Francia y España, y en menor medida de otros países. Sin embargo, todos presentan patrones comunes; porque, y esta es una tesis fundamental del libro, el populismo, al menos en las democracias más asentadas, es una reacción “hacia la impotencia de la política y el autismo y la arrogancia tecnocrática de las élites” (p. 138). Dicho de otro modo, una reacción a las limitaciones y problemas de las democracias liberales. Estas limitaciones se intentan solventar apelando al pueblo, uno de los polos de la democracia liberal. El voto del pueblo se convierte en el único requisito de la democracia. Se olvida el otro extremo: el aparato constitucional que establece un sistema de división de poderes para proteger a las minorías derrotadas en la votación. Porque para el populismo el ganador, el pueblo se defina este como se defina, se queda con todo. Y los perdedores, la “casta”, élite o cualquier otra denominación, lo pierde todo.

La solución sería combinar ambos polos, el liberal (rule of law, división de poderes, protección de las minorías) y el democrático (votaciones, comunidad política). Para ello proponen el ideal republicano, si bien reconocen que aunque teóricamente es una solución atractiva, en la práctica es difícil de implementar (p. 265). El problema radicaría en conseguir amalgamar al pueblo real, es decir, a las heterogéneas sociedades actuales, con el pueblo como “unidad” política. Porque la política precisa de una unidad de acción que integre los intereses fragmentarios de la comunidad sociológica. El populismo sería, creen los autores, una falsa salida a esta aporía de la política. “Sería una contrademocracia en el sentido literal del término, la total puesta en cuestión del orden político formal, pero también de ese conjunto de actuaciones, instituciones y prácticas plurales e indiferenciadas; representa una oposición visceral carente de una auténtica voluntad por integrarse en el cuerpo político conocido si no es bajo los presupuestos de la exclusión y la autoafirmación de un supuesto y amorfo pueblo auténtico bien tutelado por su partido o líder” (p. 271). El resultado de la llegada al poder de los populismos es, sostienen, bien conocido: una actitud depredadora del Estado, clientelismo, no respeto de los derechos de las minorías, antiparlamentarismo y autoritarismo, y por último un ataque a la división de poderes y los principios formales.



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