Vettonia obliga

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Sobre el blog

En este blog quiero recoger algunas de mis lecturas, pasajes de mi vida académica y de mis viajes, así como ideas sobre la cultura y la sociedad actual.

El muro invisible

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Sat, December 16, 2017 16:46:12

El grupo Politikon presenta en El muro invisible (Barcelona, Debate, 2017) su visión sobre las dificultades que atraviesan los jóvenes en España. En especial las dificultades emanadas de la crisis económica. El libro está dividido en tres grandes partes: las dificultades de ser joven en España, las causas y, por último, las consecuencias políticas de la situación de la juventud. En la primera parte se revisan las dificultades. Entre ellas pueden citarse: los altos niveles de desempleo y la mayor incidencia de la pobreza entre los jóvenes –los jóvenes son los grandes perdedores de la crisis de 2008–, el retraso en la edad al matrimonio, la baja natalidad y el lento proceso de emancipación, junto con la emigración de los más capacitados al extranjero huyendo de esas situaciones.

Las causas de esos problemas las encuentran en tres grandes áreas. En primer lugar, el mercado de trabajo. La dualidad histórica del mercado de trabajo hace que las crisis se ceben especialmente en los jóvenes, que sufren mayores niveles de temporalidad. Esto produce que sus ingresos sean menores y que tengan un nivel de protección más bajo ante las adversidades. En consecuencia, son un colectivo más vulnerable. En segundo lugar, en un sistema educativo que contribuye a esa dualidad, ya que genera un alto porcentaje de jóvenes con estudios universitarios, de un lado, y, de otro lado, un alto porcentaje de jóvenes que o bien no acaban la educación básica o no continúan estudiando (debido al abandono y a los altos niveles de repetición). Ente ambos, la educación secundaria y profesional se encuentra relativamente abandona. Y, en tercer lugar, mantienen que nuestro Estado de Bienestar se encuentra volcado hacia los mayores, protegiendo relativamente poco a los más jóvenes. “Nuestro Estado del Bienestar es una herencia del pasado. (…) Tiende a proteger a los mayores –que fueron en verdad un colectivo vulnerable en el pasado– en buena medida a costa de los jóvenes” (p. 146). Es un modelo de Estado de Bienestar, además, que descansa en un modelo de familia en declive y en un papel subordinado para la mujer.

Estas tres causas hacen que la juventud se encuentre en una situación de desventaja frente a generaciones anteriores a la hora de realizar sus proyectos vitales. Este análisis me parece adecuado y en líneas generales puede darse por válido. Podría resumirse en la manida frase: “los jóvenes actuales vivirán peor que sus padres”. Las soluciones que plantean, sin embargo, son más problemáticas. Apuestan por reducir la dualidad laboral, con soluciones sobre todo en el plano legislativo (modificar la estructura productiva del país se antoja más difícil); y por eliminar o reducir la repetición y favorecer que los jóvenes con dificultades continúen estudiando para aliviar la dualidad educativa. Y respecto al Estado de Bienestar creen que se debe “progresar hacia un modelo que haga compatible el papel económico de las mujeres, la emancipación de los jóvenes y una demografía saludable” (p. 163).

Estas soluciones pueden parecer naturales, pero lo más interesante es que son una opción “política” no explicitada (lo cual no resulta extraño teniendo en cuenta que el grupo que firma la obra se llama Politikon). Y digo no explicitada, porque no exploran, ni siquiera para rechazarlas, opciones fuera de su marco de referencia político. Pongo un par de ejemplos. El primero en relación a la demografía. En todo el libro se asumo que debe existir una “demografía sana” para mantener el equilibrio intergeneracional y que funcione el sistema de bienestar, en especial la esfera de las pensiones. Sin embargo, no se exploran otros caminos de tipo no “natalista” para conseguir ese equilibrio. Si los españoles, como parece, no tienen hijos, pues podrían admitirse mayores contingentes de inmigrantes. Al final, el equilibrio poblacional se conseguiría vía inmigración y no vía natalidad. (Esta solución, claro está, tiene sus propios problemas. Sin embargo, en el libro no se maneja esta opción).

El segundo hace referencia al presupuesto del equilibrio poblacional a la hora de mantener las pensiones y la sanidad. Este presupuesto solo es necesario (vía natalidad o inmigración, como hemos comentado) en el caso de que se apueste por un sistema de reparto. Sin embargo, podría apostarse por un sistema contributivo. Tampoco se explora esta opción, ni para rechazarla. Además, incluso aceptando el sistema de reparto, tampoco está claro que un equilibro poblacional, como ellos llaman, una “demografía saludable”, asegure la viabilidad de dicho sistema. En la actualidad, los bajos salarios hacen que, pese a altos niveles de afiliación a la Seguridad Social, las cotizaciones sean bajas y no cubran las necesidades del sistema. La recaudación en un sistema así podría depender más de la productividad del trabajo que de su abundancia. Menos trabajadores con altos salarios podrían hacer más sostenible el sistema que muchos con bajos salarios. Además, se podría optar por mantener las pensiones y las prestaciones del Estado de Bienestar vía impuestos directos o indirectos. Es decir, de esto modo el peso de las mismas recaería en la riqueza total de la sociedad y no solo en las cotizaciones de los trabajadores. Valga esto para ejemplificar a que me refiero cuando digo que hay presupuestos políticos no explicitados en toda la obra.

En la última parte del libro, como dije al comienzo, se recogen las implicaciones políticas de esta situación. Se trata de ver cómo los jóvenes pueden articular sus peticiones. “La idea es que los jóvenes pasen a ser ganadores en un sistema en el que hoy son los más perjudicados. (..) Eso significa que hay otros que saldrán perdiendo, al menos en el corto plazo” (p. 169). Creen, en primer lugar, que las reformas tanto del mercado de trabajo como del Estado de Bienestar están bloqueadas por las generaciones del baby boom hacia arriba. Es decir, el actual statu quo está blindado por una línea generacional. El bloqueo educativo, sin embargo, respondería a causas de enfrentamiento político, que aprovecha fracturas normativas de los españoles en torno al bilingüismo, la educación para la ciudadanía o las clases de religión. Resumiendo: “Si tuviésemos que delinear un perfil del español tipo que defiende el statu quo regulatorio actual pensaríamos en un hombre, de nacionalidad española, estudios medios, empleo fijo, vivienda en propiedad y aspiración a la tranquilidad. Ese español tipo estaría en el centro, en el núcleo protegido por el sistema. Los jóvenes, junto a las mujeres, los parados de más de cincuenta años, los pobres y los inmigrantes se encuentran en los márgenes” (p. 184).

Los autores aventuran que los jóvenes españoles se encuentran “insatisfechos” con la democracia, piden más de ella; pero no existe una “desafección”, es decir, un alejamiento del sistema político. Además, los jóvenes tienden a no utilizar las mismas etiquetas políticas que los mayores, ni en el mismo sentido. Sin embargo, en cuanto a su participación política efectiva, debe decirse que el sistema de partidos no presta demasiada atención a este colectivo por dos motivos. Uno, porque los jóvenes, entre 18 y 35 años, son un colectivo no demasiado numeroso. Y dos, porque tienden a participar poco en las elecciones. Los jóvenes tienden a participar menos a través de mecanismos institucionalizados (elecciones o partidos políticos) y más a través de mecanismos alternativos (huelgas, manifestaciones o peticiones). Existen, así mismo, importantes diferencias en la participación política de los jóvenes, pues existen sectores movilizados tanto en lo institucional como a través de vía alternativas (jóvenes universitarios de clase media y media alta) y jóvenes desmovilizados (el resto). Cuando los jóvenes votan, además, lo hacen a partidos diferentes que los mayores. En España, por ejemplo, Podemos y Ciudadanos captaron el voto joven en mucha mayor media que el PSOE o el PP. Creen que la emergencia de estos partidos abre una ventana de oportunidad para incluir una agenda volcada en los problemas de los jóvenes y una redistribución de las ventajas del sistema.

El libro tiene un tono divulgativo, alejado de la prosa académica, que a veces produce asertos demasiado esquemáticos y poco matizados. Sin embargo, los autores intentan fundamentar sus argumentos en datos e investigaciones rigurosas. Es un libro interesante que acierta en la temática y el tono. Aunque no se esté de acuerdo, o del todo de acuerdo, con las soluciones propuestas o con algún aspecto de análisis, resulta pertinente. La verdad es que la crisis económica, causa de muchos de nuestros problemas actuales, está volviendo a traer a la escena pública un tipo de análisis estructural que se había perdido en las ciencias sociales, presas de visiones más “postmaterialistas”. Y esta obra es una contribución bien escrita y planteada desde esta perspectiva. Bienvenida sea.



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