Vettonia obliga

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Sobre el blog

En este blog quiero recoger algunas de mis lecturas, pasajes de mi vida académica y de mis viajes, así como ideas sobre la cultura y la sociedad actual.

Cómo acabar con la contracultura

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Sun, July 29, 2018 12:54:57

Acabo de terminar una de las lecturas que había dejado para este verano: Cómo acabar con la contracultura. Una historia subterránea de España de Jordi Costa (Madrid, Taurus, 2018). Se trata a una obra recién salida de imprenta que analiza los pormenores de la contracultura o cultura underground en nuestro país. Con especial referencia al cómic, aunque también a la música, el cine o la música pop.

Define la contracultura, con acierto, como una subcultura que se opone a los valores dominantes, una subcultura juvenil que se enfrenta a la axiología paterna (p. 32). Su misión consiste en retar y, desde abajo, atacar los límites de la cultura a la que se enfrenta (p. 88). Partiendo de aquí, describe con largas frases y gran profusión de nombres propios e hitos culturales los vaivenes de la contracultura en nuestro país desde finales de la Dictadura franquista hasta nuestros días.

La tesis fundamental de libro es que la contracultura se enfrentó en un primer momento al consenso “nacionalcatólico” o “fascista”, brilló durante un breve tiempo, y terminó siendo integrada en un nuevo consenso “socialdemócrata”. Dejemos hablar al autor:

“El momento en que se manifestó la posibilidad de una utopía contracultural en nuestro país también fue, de forma clara, un tiempo de los monstruos. Y quizá el monstruo ahí fue la Contracultura, el ideario capaz de abolir el viejo orden y de proponer una tabula rasa para trazar nuevas identidades, nuevos relatos y modos de relación, nuevas formas colectivas (y participativas) de construir un futuro… Y lo que acabó ocurriendo fue que el viejo mundo y el nuevo establecieron una línea de continuidad sostenida sobre la perpetuación de privilegios de clase y la configuración de un discurso de reconciliación (impuesta) para que se neutralizasen las potencialidades más transformadoras del tiempo de los monstruos. El viejo orden y el nuevo puentearon al monstruo, la Contracultura.” (p. 299).

Esto, siendo cierto, me sugiere dos reflexiones. En primer lugar, ¿podría haber sido de otra forma? Es decir, la contracultura históricamente ha terminado integrada en la cultura general. Como afirmaba Stuart Hall, su misión es la de prefigurar desarrollos culturales futuros, ya que es mantenida en lo fundamental por los hijos de las clases medias. Estos terminan cambiando determinados aspectos de la cultura de los padres a partir de sus experiencias contraculturales. Por más que la cultura mainstream tenga continuidad.

Y, en segundo lugar, la idea de una continuidad entre la cultura “nacionalcatólica” y la “socialdemócrata”, cada una con sus límites, no deja de ser un recurso dialéctico que esconde más que aclara. ¿Es lo mismo la censura franquista que la “censura” en la actual democracia? Quizá se soslayen las diferencias. De hecho, hace falta un cierto grado de imaginación para pasarlas por alto.

El libro, sin embargo, se lee con agrado y resulta interesante. Un apunte postrero. El discurso en buena medida está construido en torno a elementos visuales: películas, cómics o videos en YouTube. Quizá la inclusión de imágenes de esas películas o cómics hubiese sido apropiada, sobre todo teniendo en cuenta que muchos de los lectores seguramente no hayan leído esos comix underground o visto esas películas.



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