Vettonia obliga

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Sobre el blog

En este blog quiero recoger algunas de mis lecturas, pasajes de mi vida académica y de mis viajes, así como ideas sobre la cultura y la sociedad actual.

Sonríe o muere

LibrosPosted by Antonio Martín-Cabello Fri, September 07, 2018 17:01:52

Ha caído estos días entre mis manos Sonríe o muere. La trampa del pensamiento positivo (Madrid, Turner, 2018, 3ª edición) de Barbara Ehrenreich. De ella había leído ya Por cuatro duros: como (no) apañárselas en Estados Unidos, en el que analizaba las penurias de la clase obrera no cualificada estadounidense (véase la entrada anterior). Me pareció un gran reportaje periodístico, que contenía mucha verdad. El libro que ahora reseño es también una gran crónica magníficamente escrita y que da de lleno, creo, en una de las tendencias de nuestro tiempo: el llamado “pensamiento positivo”.

El pensamiento positivo mantiene que las personas somos capaces de modificar nuestro entorno mediante nuestro pensamiento y nuestra voluntad. Si deseamos algo con la suficiente fuerza seremos capaces de conseguirlo. Las circunstancias, sean naturales o sociales, no son un obstáculo que no pueda ser superado por una forma de pensar positiva. Este modo de pensar tan “idealista”, por no llamarlo “ilusorio”, se aplica a diversos campos de la vida cotidiana: la salud, el mercado de trabajo o las relaciones personales. Y ha sido transmitido sobre todo a través de los libros y cursos de autoayuda y de la llamada psicología positiva.

Es un tipo de pensamiento, cuenta Enrenreich, típicamente estadounidense que surge del protestantismo ascético, aunque se está expandiendo con rapidez por todo el mundo. Cuando explico en clase que “cuando deseamos algo, el mundo no conspira para que consigamos realizar nuestro deseo” (parafraseando la famosa cita de Paulo Coelho), que el mundo pasa bastante de nuestros deseos, algún alumno me reprocha haber chafado una idea importante para él o ella. Quizá el pensamiento positivo: tenemos derecho a conseguir lo que queremos; junto al sentimentalismo: nadie debe poner en tela de juicio mis sentimientos, sean dos rasgos destacados de nuestro tiempo.

Otro aspecto destacado son las implicaciones políticas del pensamiento positivo. Aunque según la autora este tipo de pensamiento está extendido entre personas de muy diferente condición ideológica, resulta congruente con el pensamiento más conservador. Por varios motivos. En primer lugar, es fuertemente individualista. Si podemos conseguir lo que queramos simplemente cambiando nuestro modo de pensar, ¿para qué buscar la acción colectiva? En segundo lugar, culpabiliza a los individuos y no a las circunstancias. Si te quedas en paro, culpa tuya; si tu negocio fracasa, más de lo mismo. En tercer lugar, es una ideología que ha sido comprada por las grandes empresas capitalistas pues sirve para, de un lado, aumentar la autoexigencia de las personas y reducir su “conflictividad”; y, de otro lado, establecer un lenguaje políticamente correcto que impide el disenso. Finalmente, fomenta la expulsión de los disconformes. Si no eres positivo, eres una persona “tóxica” a la que se debe apartar (aunque a veces las personas tóxicas tengan razón).

Barbara Enrenreich aboga por superar este tipo de pensamiento que funciona a modo de trampantojo de nuestras miserias o que, directamente, contribuye a aumentarlas. Propone sustituirlo por una visión no pesimista, sino realista y racional. “Lo que llamamos ilustración (…) es el lento entendimiento de que el mundo sigue su curso según unos algoritmos internos de causa y efecto, de probabilidad y azar, que no tienen para nada en cuenta los sentimientos humanos” (p. 236). No puedo estar más de acuerdo. El problema del pensamiento positivo no es que nos haga optimistas y felices, el problema es que nos aleja del pensamiento racional y nos acerca al mundo mágico.



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