Vettonia obliga

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Sobre el blog

En este blog quiero recoger algunas de mis lecturas, pasajes de mi vida académica y de mis viajes, así como ideas sobre la cultura y la sociedad actual.

Analíticos y narrativos

ActualidadPosted by Antonio Martín-Cabello Fri, August 03, 2018 15:33:33

Dentro de la sociología, diría que incluso dentro de las ciencias sociales, existe una disputa entre aquellos que consideran que la disciplina debe ser analítica y los que la ven más como una narración. Para los primeros, y su apuesta por la “teoría social analítica”, la disciplina debe centrarse en la búsqueda de explicaciones causales. Estas explicaciones proporcionan resultados modestos y generan teorías de rango medio (véase, por ejemplo, el interesante manual de Francisco Linares Martínez, Sociología y teoría social analíticas, Madrid, Alianza, 2018). Su medio de difusión preferido es el artículo científico (el paper). Los segundos, por el contrario, mantienen que la sociología debe preocuparse de hacer comprensible el mundo para las personas y de generar una narración que así lo permita. Producen largos relatos, habitualmente en forma de libro, con vividas descripciones y contextualizaciones de las tesis expuestas.

Con frecuencia, los primeros acusan a los segundos de generar una sociología débil y poco científica: de hacer literatura en vez de ciencia. Los segundos a los primeros de producir una sociología centrada en pequeñeces que dificultan hacerse una imagen del mundo social en el cual vivimos.

Estoy terminando de leer la excelente y voluminosa obra de Robert Bellah La religión en la evolución humana (Madrid, CIS, 2017). Este, sin rechazar el pensamiento científico, al cual se adscribe, piensa que la narración es necesaria. Forma parte del modo de pensar de los seres humanos y, por tanto, es necesaria incluso para transmitir la ciencia. En sus propias palabras:

“La narrativa, en resumen, es más que literatura, es el modo en que entendemos nuestras vidas. Si la literatura simplemente proporcionase entretenimiento entonces no sería tan importante como es. (…) La narrativa no es solo el modo en que comprendemos nuestras identidades personal y colectiva, es la fuente de nuestra ética, nuestra política y nuestra religión. (…) La cultura mítica (narrativa) no es un subconjunto de la cultura teórica [la ciencia], no lo será nunca. Es más vieja que la cultura teórica y sigue siendo hasta hoy un modo indispensable de relacionarse con el mundo” (p. 354).

Este es un debate que, temo, se encuentra lejos de una solución. En la actualidad parece que la universidad y la comunidad investigadora está siendo conducida hacia los presupuestos analíticos: hay una apuesta por el artículo científico frente al libro, y por los modelos cuantitativos frente a los cualitativos. Sin embargo, en las librerías se ve poca sociología analítica y mucha sociología narrativa. El éxito de Zygmunt Bauman, por ejemplo, así lo atestigua. Hace poco leía que el artículo científico medio tenía aproximadamente 17 lectores. Algo irrisorio si lo comparamos con los millones de libros vendidos por Bauman.

El impacto social de James S. Coleman, como gran representante de la sociología analítica, es mucho menor fuera del ámbito estrictamente científico (incluso, dentro del mismo, es discutible que su impacto no sea menor que el de otros sociológos más narrativos). Quizá por eso Salvador Giner en un comentario al número monográfico que la Revista Internacional de Sociología dedicaba a la sociología analítica, decía que veía complicado que las aportaciones de Weber, Marx o Durkheim se circunscribieran al planteamiento limitado de la sociología analítica. Y es así porque estos autores, y muchos otros, han creado el marco narrativo que nos permite comprender y manejarnos en la sociedad moderna. Nada comparable a lo que puede ofrecer una sociología limitada a sus aspectos analíticos.

Con esto último, y esta es simplemente mi visión, no se niega la validez de lo analítico. De hecho, toda disciplina científica lo es. Simplemente que hasta la teoría analítica más compleja ha de integrarse en una narración. De hecho, como recuerda Robert Bellah, algunas de las teorías científicas de la física o la biología con más apoyo y recorrido: el Big Bang o la teoría de la evolución, han generado su propia narrativa. Esto no impide que sean plenamente científicas y que sus postulados sean objeto de “falsación”. La sociología, creo, debe seguir esta senda, ser rigurosa y científica y, al tiempo, generar narraciones que ayuden a las personas a vivir en el complejo mundo social que nos rodea.



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